21.9.06

Mi abuelo tenía razón

BS'D
Esta historia tiene mucho que ver con la mayoría de nosotros. Seguramente nuestros abuelos o bisabuelos prepararon el camino para que hoy estemos donde estamos.

A continuación reproducimos una historia que publicó el Rab Oppenheimer extraída del libro “More Shabbos Stories” de Rabbi Simón Finkelman – Mesorah Publications/Artscroll.

El Sr. Eitan tenía un comercio mayorista de frutas y verduras en el norte de Israel. Diariamente sus camionetas salían a repartir a instituciones y a minoristas por el Galil. Cuando su hijo Iair cumplió 18 años, comenzó a trabajar con el padre. Dentro del recorrido de Iair, le tocó entregar mercadería en la Ieshivá Lev vaNefesh, una institución que se dedica a esclarecer a jóvenes interesados en profundizar sus conocimientos de Torá. Hasta aquel momento, el Sr. Eitan se había preocupado de “resguardar” a su hijo para que desconociera lo que es la Torá y no llegara entrar en contacto con personas observantes. A Iair le intrigó la forma de vestir de los jóvenes y se acercó a fin de inquirir acerca del por qué de sus Kipot y los Tzitzit que llevaban colgando.

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Ya a la altura de su tercera entrega de mercadería, Iair pidió que le enseñaran algo de la Torá que estudiaban. No demoró mucho tiempo antes que el padre se enterara de lo que estaba sucediendo, pues la manera de actuar de Iair se había tornado un tanto más seria y contemplativa. Esto encendió la ira del padre en todo su furor. La consecuencia de la ofensa fue que Iair cambió su recorrido de distribución. No obstante, la llama estaba encendida y Iair siguió visitando a sus nuevos amigos periódicamente. Dada la oposición del padre que no quería aceptar bajo ningún concepto que su hijo estudiara sobre esta religión arcaica, Iair decidió por propia cuenta empaquetar sus cosas y viajar a Ierushalaim a una Ieshivá sin contarle a su padre acerca de su domicilio, para que no lo obligara a volver. Su padre insistió, lo encontró y lo obligó a volver a casa. Pero la cuestión no quedó allí. El Sr. Eitan le inició juicio al Rosh Ieshivá de Lev vaNefesh por “lavaje de cerebro” a su hijo.

El día del juicio la sala del tribunal estaba colmada. El abogado del Sr. Eitan hizo su exposición. Iair dio su testimonio en el sentido que nadie lo había incitado o persuadido a hacer nada en contra de su voluntad. Mientras se iban cumpliendo los procedimientos legales, el juez, un hombre mayor miraba intensamente al Sr. Eitan. Seguidamente el juez solicitó al Sr. Eitan que quería hacerle algunas preguntas. El Sr. Eitan, un poco sorprendido consintió.

“Dígame, Sr. Eitan, ¿es Usted oriundo de la ciudad de Pinsk?”
El Sr. Eitan asintió con la cabeza.

“Dígame, Sr. Eitan, ¿era su nombre antes de la guerra ‘Stark’?”
El Sr. Eitan asintió nuevamante con la cabeza, muy extrañado.

“Ah” – dijo el juez – “yo lo conozco muy bien a Ud. Ud. proviene de uno de los hogares más respetados de la ciudad de Pinsk. Su padre era una persona muy religiosa y su madre se dedicaba cotidianamente a hacer obras de bien para con los necesitados.” A esta altura la cara del Sr. Estaba pálida, pero no podía decir una sola palabra.

“Cuando Ud. era joven, Ud. decidió no seguir el camino de su padre y se rebeló en contra de todas sus enseñanzas. Cuando cumplió 18 años, Ud. solía fumar en público en Shabat y esto le causó mucho dolor y vergüenza a su padre, quien, de la noche a la mañana, pasó de ser una persona cálida, alegre y emprendedora a tener la apariencia de un anciano. De su madre se decía que cuando encendía las velas de Shabat los viernes, derramaba ríos de lágrimas.
Yo no soy una persona muy observante, pero sí, creo en D”s. Nunca entendí como D”s podría ignorar los rezos de una mujer tan virtuosa.

“Hoy fue contestada mi incógnita. Veo que su llanto no ha sido en vano. Hoy, después de medio siglo, su nieto ha vuelto al camino de sus antepasados.

“Sr. Eitan. Ud. ciertamente recordará que los amigos de su padre se le acercaron y le rogaron que por la salud de su padre, Ud., al menos en público, no profanara el Shabat. Sin embargo, Ud. respondió: ‘Soy mayor de edad y tomo mis propias decisiones. Vivo mi vida como yo plazco’. ¿Ahora Ud. tiene la temeridad de interponer una demanda, porque su hijo volvió a los caminos que Ud. abandonó?”
“La causa es nula”

2 comentarios:

D dijo...

Emocionante relato.

Sigan adelante con el blog, es muy interesante.

Shana tova umetuka!

Dani F.

Anónimo dijo...

y si el juez no hubiera conocido al sr.?
cual hubiera sido su argumento?
marcela