23.11.06

Ranking

BS'D
Hacer teshuvá no es fácil para nadie. Ni para uno, ni para la gente que nos rodea. Nos ven que cambiamos, que estamos cambiando. En este proceso no faltan las opiniones. Las reacciones son variadas. Algunos intentan polemizar, otros nos quieren abrir los ojos. También están los que callan y los que nos aceptan en este nuevo camino. Los que nos aceptan e igual nos hacen preguntas. Este es un listado de las frases que más se escuchan cuando uno se acerca a estudiar Torá.
Votá, sugerí, discutí. Bienvenido al Ranking.

1- Te lavaron la cabeza
2- Se creen los dueños de la verdad
3- Si a vos te hace bien...
4- Los extremos nunca son buenos
5- ¿Y tus hijos van a poder elegir?
6- ¿Hasta dónde pensás llegar?
7- ¿Qué? ¿Ahora vas a usar peluca?
8- No necesito comer kasher para sentirme judío
9- Los religiosos tiran piedras.
10- No quiero vivir limitado

La gente los pidió y los sumamos al Ranking:

11- Se metió en una secta.
12- Pobrecito, es que tuvo un problema familiar y se tuvo que aferrar a la religión.
13- ...uyyyy,pobre los padres!
14- Pobrecito, no tiene personalidad, le pregunta qué hacer en todo a su Rab.
15- Cada uno con su verdad...

22.11.06

Recomendados

BS'D
En internet está circulando este video sobre los judíos y el judaísmo.
Durá 7 minutos aprox.

21.11.06

Multiple Choice: Relación de Pareja

BS’D

Tu mujer quiere empezar a cubrirse la cabeza, ¿qué hacés?
A- Le regalás una peluca para el cumpleaños.
B- Le decís: Bueno, bueno, bueno. ¿Cuál es el apuro?
C- Le decís: ¿Qué? Si cuando yo te conocí usabas las trencitas que te hiciste en Punta Cana.

Tu pareja te plantea comer queso kasher, ¿qué decís?
A- ¡Qué bueno! Vamos a poder elevar la kedushá de la casa.
B- ¿Y cómo hacemos si nos invitan a comer afuera?
C- ¿Qué tiene el queso?

Tu marido te dice que quiere estudiar más Torá, ¿qué decís?
A- ¡Baruj Hashem! Me tocó un Tzadik. Mientras otros se preocupan por la plata vos pensás en cómo crecer como persona.
B- ¿Más clases? Si así estamos bien.
C- ¿Por qué en lugar de estudiar más no pensás en ganar más plata?

Tu pareja te propone los domingos ir a un club de gente observante, ¿qué decís?
A- Qué bueno, empezar la semana en un ambiente de Torá.
B- ¿El domingo también tenemos que estar con religiosos? ¿Cuándo me vas a dar un respiro?
C- Vos andá al club. Yo me voy a la cancha.

Leer los resultados


Mayoría de respuestas A:
Con vos se aplica el versículo que dice: “Y serán un solo cuerpo”. Tu pareja y vos están en perfecta sintonía. Esperamos muy pronto poder asistir a sus charlas de Shalom Bait (armonía en el hogar).

Mayoría de respuestas B:
Cumplís Torá y Mitzvot pero no te sentís religioso. Te gusta el paso a paso pero para el siguiente, querés tomarte tu tiempo. Aprovechá la fuerza de tu pareja para seguir creciendo espiritualmente.

Mayoría de respuestas C:
Tu pareja está trayendo ideas nuevas. A no desesperar. Aunque lo parezca, que quiera incorporar Torá no quiere decir que te quiere complicar la vida. Ir a una clase de Torá te puede ayudar a entender qué es lo que le está pasando. Si tu pareja suma espititualidad, el primer beneficiado vas a ser vos.

16.11.06

Más allá del Guefilte Fish y la sopa de pollo

BS’D
Publicamos un testimonio hermoso, escrito por Anita Ehrlich*, donde explica por qué empezó a cuidar el Shabat.
El artículo es bastante extenso. Aconsejamos imprimirlo para poder leerlo más cómodo.
(Artículo extraído de Jabad Magazine, www.jabad.org.ar)

Shabat fue siempre una palabra que yo había asociado a la historia antigua. Bueno, no realmente a la historia antigua, pero muy ciertamente a la Europa de pre-guerra. Jamás había invertido mucho tiempo en pensar acerca del Shabat, pero si hubiera tenido que contarle a alguien acerca de éste, lo mejor que hubiera hecho sería describir una escena de una mujer matronal, algo corpulenta, con ojos relucientes y un largo pañuelo blanco de seda cubriendo su cabeza, de pie con las manos dando vueltas ante dos velas encendidas en ornamentados y pesados candelabros de plata y un coro cantando algo shmaltzy en el trasfondo. ¡Sí, es la escena sabática de El Violinista Sobre el Tejado!

Recuerdo claramente haberme conmovido mucho con esa escena. Algo se movió muy profundamente dentro de mí cuando esa corpulenta mujer había mascullado en hebreo y el coro cantaba las palabras: "Que el Señor te proteja y defienda". En mis ojos aparecieron lágrimas. Había sentido un calor interior --me sentí muy "judía"-- y ligeramente complacida a causa de mi reacción, pero... también había gritado realmente en la escena de despedida en Madam Butterfly. ¿Me hizo eso japonesa?

El concepto de "el Shabat" como un día de descanso era algo con lo que simplemente no podía relacionarme personalmente. No se ajustaba a mi estilo de vida. No estaba cansada. No necesitaba descansar. Toda la semana me dedicaba a mi trabajo, enseñando literatura y composición inglesa en una universidad local, y los fines de semana, especialmente el sábado, era cuando podía hacer todas las cosas que quería hacer: coser, ir de compras, cabalgar en el verano, esquiar en el invierno.

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La razón de que yo había comenzado a pensar en el Shabat en principio se debía a que recientemente me había encontrado con una joven pareja de Lubavitchers, y tras conversar un poco con ellos me sugirieron que fuera a pasar un Shabat en su casa.
Asentí vagamente, preguntándome todo el tiempo a qué me estaban invitando. ¿Cuánto tiempo duraba Shabat? Me explicaron pacientemente que el Shabat judío comienza con la puesta del sol del viernes, se bendicen las velas, se hace kidush y luego viene el hamotzí. Yo no sabía realmente qué significaban estas palabras. Después de preguntas más incisivas de mi parte y las muy pacientes explicaciones suyas, decidí que sólo iría para la noche del viernes. Sonaba a diversión. Habría velas encendidas en la sala (cosa que yo siempre había considerado muy elegante), beberíamos un trago y luego pasaríamos a la cena. Podía arreglármelas con eso; estaba siendo invitada a una cena judía.

Pronto me enteré, sin embargo, que era una cena con una diferencia. El objetivo aquí no era que la anfitriona luciera sus habilidades culinarias en la creación de platos que sonaban esotéricos, ni para alardear con su casa, ni para ser admirada por la mezcla ecléctica e interesante de invitados. El foco de atención aquí era, más bien, la apreciación de cosas menos egoístas, de cosas mayores que uno mismo, una apreciación del Creador y el universo maravilloso que El había creado. Debo admitir, con toda honestidad, que nunca antes de ese momento pensé en las cosas de una manera tal.

Todos los rituales de esa noche estaban encaminados al fin de la gratitud. La bendición de las velas era para agradecer a Di-s por haber creado el Shabat y ordenado su observancia. El kidush era una bendición sobre una copa de vino (y no un aperitivo como originalmente había pensado) cuyo propósito era agradecer a Di-s por haber creado "el fruto de la viña" de modo que mediante ella otras cosas pudieran ser santificadas. Ciertamente yo me podía relacionar con el hecho de que el vino fuera bebido en ocasiones felices y servido para hacer a la gente todavía más feliz. El hamotzí era otra bendición recitada después de un ceremonioso lavado de manos y antes de degustar del pan.

Estos rituales fueron seguidos por el tipo de comida tradicional que me hizo sentir nostalgia de mi abuela. El pan que había estado cubierto por un paño intrincadamente bordado era una hogaza casera trenzada más deliciosa que cualquier cosa que probara alguna vez. Ninguna otra anfitriona se había molestado como para ir tan lejos y hornear su propio pan por entero. ¡Carne Wellington a la Niña Julia, sí! ¿Poulet en brochet? ¡No hay problema! Pero hornear el pan propio... nunca se le ocurrió a alguna de mis anfitrionas anteriores.

Además del menú, el progreso de la cena misma también fue diferente en que los platos eran intercalados con pequeñas charlas sobre diversos aspectos del judaísmo, especialmente la importancia de observar el Shabat, y cómo lo que hacíamos, e incluso lo que comíamos (los dos panes que conmemoraban el hecho de que cuando los judíos marchaban por el desierto sólo podían recoger el maná suficiente para un único día, y cualquier cosa adicional se estropeaba, pero el maná que juntaron el viernes milagrosamente bastaba también para el día siguiente) estaba relacionado con el momento en que Moshé recibió los Mandamientos, uno de los cuales era "recuerda al Shabat para santificarlo".

Debo confesar que encontré todo esto fascinante. Nunca me había dado cuenta de que observar el Shabat era uno de los Diez Mandamientos. No matarás, no robarás, esos conocía. Hasta conocía el de no codiciarás a la esposa de tu vecino (o algo por el estilo) pero nunca se me había ocurrido que el Shabat fuera tan trascendental como para ser uno de los diez más importantes principios sobre los que se basa toda la civilización.

Además de que la comida era deliciosa y abundante y de que hubiera un orden específico que regía el desarrollo de la cena, el ambiente de la velada fue delicioso de una manera que nunca conocí. Ya había estado en fiestas y brindis realizados para ocasiones específicas como la apertura de una galería o la presentación de un autor exitoso, y en esas oportunidades la mayoría de los invitados estaba sentada con bebidas en sus manos, sonriendo rígidamente unos a otros, con pequeñas conversaciones y clasificándose mutuamente. Estas fiestas generalmente no eran divertidas, pero era chic estar invitada, de modo que iba. Las cenas a las que había asistido anteriormente tenían todos los adornos de una atmósfera más relajada pues eran en la casa de alguien, pero también allí la gente estaba, en su mayor parte, en guardia social, tratando de impresionar a las persona junto a las cuales estaba sentada. Siempre era un enorme alivio irse.

Sí, fui a fiestas en las que la única meta era divertirse pero, a decir verdad, siempre sentí que cada uno estaba trabajando muy duro intentando demostrar que se estaba divirtiendo más que el otro tipo.
Mi cena de Shabat fue definitivamente diferente.

Cuando me puse a pensar, después, pude identificar la diferencia como una ausencia total de exigencias y tensiones. Nadie había tratado de impresionar a nadie, si buen algunas de las personas presentes podrían haberlo hecho cuando quisieran: había un Ph.D en medicina pública, un corredor de acciones (que, me enteré después, ganaba una cifra de seis dígitos), un analista de sistemas, apenas para mencionar a algunos. Estas personas estaban sentadas junto a estudiantes universitarios y de escuela secundaria de edades diversas.

Por lo que pude notar, estaban representados todos los niveles de observancia religiosa, desde aquellos que obviamente eran invitados frecuentes en el hogar de nuestros anfitriones y sabían qué era lo que estaban haciendo, llegando hasta mí, que lo observaba todo con ojos bien abiertos, tratando tanto como me fuera posible parecer indiferente y esperando no estar haciendo el papel de tonta. Nadie me hizo sentir incómoda. Por el contrario, todos fueron muy cálidos y receptivos.

Hacia el fin de la cena nuestro anfitrión comenzó a cantar una hermosa y contagiosa canción. Los invitados captaron pronto la melodía y las palabras, y repentinamente me vi arrastrada a aún otro aspecto de esta notable cena de Shabat: ¡un coro casero, espontaneo! Todas las canciones eran en hebreo y todas, de una manera u otra, estaban relacionadas con el Shabat. Estas zemirot, como descubrí que se llamaban, también fueron intercaladas con pequeñas historias y comentarios filosóficos que a veces llevaron a preguntas y respuestas. Cuando pareció crearse un claro en la conversación, alguno siempre iniciaba otra canción. Entonces se sirvió licor, se brindó "¡LeJáim!", y yo comenzaba a sentirme como una Alicia que había caído por un hoyo judío de conejos hacia un mundo mágico totalmente nuevo.

Justo comenzaba a sentir que la comida y las historias seguirían indefinidamente cuando se repartieron pequeños cuadernos para el Birkat HaMazón. La mayoría de la gente cantó las palabras hebreas de este cuadernillo al unísono con una hermosa melodía. Yo leí trozos del texto en inglés agradeciendo a Di-s por habernos dado el alimento que habíamos comido y por todas las demás numerosas bendiciones que El nos ha concedido.

A eso de la medianoche la gente se levantó para irse. Tomaron sus abrigos y desearon uno al otro Shabat Shalom. Sentí urgencia por regresar a la semana siguiente, la semana después, y la semana después de ésa, y mientras caminaba la cuadra y media hasta donde había estacionado mi automóvil, sentí que no quería irme a casa, no aún. Debo haber caminado alrededor de la manzana 3 o 4 veces simplemente pensando sobre todo lo que acababa de experimentar.

Mirando atrás, algo que me impresionó mucho era que esta gente, que me había invitado a su hogar (y por extensión los demás judíos observantes) eran muy conscientes de cada aspecto de sus vidas, los sucesos de su día, el alimento que comían, las ropas que vestían y hasta en gran medida sus pensamientos.

A primera vista esta suerte de conciencia comprensiva podría parecer muy rígida y embotadora, y estoy segura de que existían aquellos que dirían que todo esto era muy interesante, pero no para ellos. A ellos les diría que le dieran otra, larga, mirada honesta.

El hecho es que mucha gente --hasta me aventuraría a ir tan lejos como para decir que la mayoría-- vive sus vidas inconscientemente. Aquellos que intentan ser conscientes de las cosas y tratan de controlar la dirección de sus vidas lo hacen porque quieren mejorarse a sí mismos y a la calidad de sus vidas. Pero estas personas, entre las que me conté a mí misma, se esforzaban por el mejoramiento propio perfeccionando su golpe de tenis, su balanceo en el golf, su juego de naipes. Aquellos de mi círculo que habían evolucionado más allá de ese nivel, al grado de estar trabajando en desarrollar sus mentes, tomaban clases de arte oriental, el desarrollo de Urdu o los principios de la astrología. Yo misma había tratado de cubrir todas las bases trabajando muy duro sobre mi forma de esquiar y obtener un doctorado en estéticas del siglo XVIII.

No me malentiendan. No denigro de manera alguna mis muchos logros hasta ese momento (aunque sí deseo que alguien me hubiera dicho mucho antes que jamás llegaría a los juegos olímpicos). Sólo que después de un tiempo me golpeó como un relámpago que yo y mucha de la gente que conocía nos esforzábamos mucho, en un área u otra, para lograr pericia o excelencia académica en una habilidad, y a nadie le preocupaba en absoluto su crecimiento o desarrollo como ser humano. El corolario fascinante a todo esto es que, al mismo tiempo, muchas de estas mismas personas estaban en terapia. Sabían que precisaban alguna dirección, alguna orientación en sus vidas, y estaban pagando a alguien cualquier cosa entre $50 y $100 por hora para que les dejara hablar de cuán infelices se sentían. Forcejaban emocionalmente, lo que con frecuencia significa espiritualmente, aunque a los terapeutas no les guste usar ese término.

No estoy segura de que todo esto se hubiera filtrado realmente en mi conciencia en esa velada, pero sí sé que mis pensamientos regresaron a menudo a esa noche en el curso de las semanas siguientes.
Mi amigos de Lubavitch, en efecto, me llamaron para invitarme nuevamente, pero el próximo viernes por la noche iba a un concierto y el viernes siguiente a ése tenía planes de ver una película. Prometí volver al tercer viernes.
Fui recibida como una vieja amiga. Todos parecían tan contentos de verme como lo estaba yo de estar allí. Esta vez tenía más noción de lo que iba a pasar y qué esperar y, debo confesarlo, hacia el fin de esa velada sentí que de algún modo me gustaría que el Shabat fuera parte, una parte más regular, de mi vida. Me sentí un poco como regresando a casa, al lugar donde uno puede quitase los zapatos ajustados, recostarse, dar un suspiro de alivio y relajarse. Por supuesto, sabiendo tan poco salvo de que me gustaba esta celebración y esta gente, tenía que aprender qué hacer y por qué se hacía, pues entendía que cualquier cosa hecha sin comprensión no duraba mucho.

Y así fue.
Con cada clase que tomé y cada mesa festiva y de Shabat a la que me senté, sentí un nexo mayor, no solamente con estos nuevos amigos, sino, bastante curioso, con mis padres, mis abuelos, mi herencia judía como un todo, y me sentí orgullosa con el pensamiento de que algún día habría de forjar un eslabón entre ellos y futuras generaciones de judíos observantes, una cadena de la que tan cerca había estado de quebrar.

Pero aceptar los amplios conceptos filosóficos del judaísmo no era tan difícil como tratar de "observar el Shabat" a un nivel individual y personal. La primer cosa que decidí hacer era ir al "shul", la sinagoga, el Shabat por la mañana. Yo seguía siendo demasiado tímida u orgullosa como para aceptar invitaciones para pasar la noche, y había decidido tratar de evitar conducir mi automóvil en Shabat.
La siguiente cosa que traté de hacer para mi propio Shabat era encender las velas el viernes de tarde. Me encantaba el resplandor que esparcían por la sala y la manera en que me sentí cuando las encendí y recité la bendición. Sí, parecía un poco una versión moderna de la matrona de El Violinista Sobre el Tejado, esperando tener el derecho de decir, como lo hizo ella en la obra, "Que el Señor me proteja y me defienda... también a mí". Pero encender las velas en el momento apropiado, dieciocho minutos antes de la puesta del sol, me llevó un tiempo. Pedí al presidente de mi departamento que no me programara ninguna clase para muy avanzada la tarde del viernes, y eso ocasionó un poco de problemas.

Después de mantenerme firme, mi pedido fue aceptado. Así que ahora podía encender las velas en el tiempo correcto, pero eso no significaba que me quedara en casa después. Esa era la siguiente cosa que tenía que hacer, porque nunca pude disfrutar de un concierto el viernes por la noche después de eso. La imagen de las dos fulgurantes velas estaban constantemente en el ojo de mi mente. La primera vez que rechacé una cita un viernes por la noche, explicando que debía quedarme en casa para la observancia religiosa, ¡me sentí bárbara! Casi había quebrado realmente el hielo, sólo para tener segundos pensamientos cuando después de encender las velas me senté para cenar sola. No es que deba tener compañía en cada comida, pero esto no era lo que se suponía que el Shabat debía ser; extrañaba aquel sentimiento festivo. Hice lo mejor que pude, pero me sentí muy agradecida cuando sonó el teléfono.

De ahí en más, traté de hacer el Shabat un poco más festivo. No era algo a lo que renunciaría sin aplicar el viejo tesón universitario. Cociné algo especial el jueves por la noche y puse un mantel blanco y mis mejores platos en mi pequeña mesa de cocina. Pero, a decir verdad, mis esfuerzos sólo sirvieron para exacerbar esa sensación de "bien vestida y ningún lugar para ir". Estaba en un serio aprieto, porque cada vez más sencillamente me parecía errado e hipócrita encender la T.V., contestar el teléfono o sacar aguja e hilo. En cambio, tomaba una gorda novela, una cuya lectura había dejado de lado pues sabía que nunca tendría suficiente tiempo de paz como para meterme en ella realmente. Pues bien, ahora disponía del tiempo, una abundancia de tiempo -- toda una velada, de hecho, de modo que me sumergí en las páginas de una extensa saga familiar.

Mi mente, sin embargo, no se quedaba mucho tiempo acompañando las vicisitudes de la vida de esa familia en particular. Mis pensamientos seguían volviendo a mi vida y a lo que yo estaba haciendo con ella. Me surgieron muchas graves preguntas filosóficas, pero básicamente se reducían a: ¿Qué quería yo de la vida, y cómo debía proseguir para conseguirlo? Si formular meramente las preguntas llevaba horas, contestarlas llevó muchas semanas, porque era sólo en retrospección que yo podía ver qué había estado sucediendo todo el tiempo.

Quería, pienso, lo que casi todos los demás quieren de la vida: ser felices y hacer lo correcto. El gran problema surgió cuando pensé cómo lograr esta meta. Me era obvio que la mayoría de lo que había estado haciendo hasta casi poco tiempo había sido contraproducente. Antes de encontrarme con el judaísmo, yo era la primera en admitirlo, había estado viviendo mi vida superficialmente, confundiendo actividad con significado, forma con sustancia. Después de mi introducción al Shabat, sentí que había recibido un precioso regalo. Mi vida estaba nuevamente en mis propias manos en el sentido de que ahora era mi elección, más que la presión de compañeros, qué haría con ella. Había sido capaz de detener el perpetuo carrusel y revaluar las cosas. Era libre de escoger y orientar, y elegí el judaísmo. Definitivamente parecía haber un anhelo por todo eso que había visto y oído hasta entonces. ¿Por qué, entonces, estaba sola las noches del viernes y durante el sábado, en Shabat? La respuesta era que se trataba realmente de algo que yo había estado haciéndome a mí misma.

Cuando había sido totalmente no-observante, esos viernes por la noche en el hogar de mis amigos de Lubavitch habían sido tan interesantes, cálidos e invitadores. Una vez que sentí que realmente no debería conducir mi automóvil de aquí para allá, me había impuesto el aislamiento, porque no quería pasar la noche allí. Las razones eran muchas: no quería abusar de su hospitalidad; no quería aceptar todo de una vez; no sentía ganas de empacar una maleta; no estaba segura de que mis ropas eran las apropiadas; ellos verían que yo no sabía qué estaba haciendo, etc. Una legión de razones espurias, que exigieron un salto de fe para ser superadas. Luego, todo anduvo bien. Aún seguía sin ser fácil, pero al menos estaba en la senda correcta y no más forcejando.

Busqué a una de las mujeres de aproximadamente mi edad, a quien había visto en la casa de mis amigos en muchos de aquellos hermosos viernes por la noche, y comencé a hablar con ella, a contarle qué pensaba y sentía. Resultó que también ella había tenido miedos y experiencias similares. Nos reímos mucho de ello y nos volvimos amigas. Y ella me explicó muchas cosas: yo no me estaba abusando de nuestros anfitriones de Lubavitch; ellos me habían invitado. No tenía que aceptar todo de una vez -- esa era una carga demasiado pesada para cualquiera. Era más preferible que comenzara lentamente, para que lo que aprendiera pudiera ser plenamente comprendido, digerido y asimilado. Mis ropas, con leves modificaciones, estaban en orden, pero sí, tendría que empacar una maleta o al menos un bolso. Y nos reímos nuevamente.
Encontrar una amiga y darme cuenta de que el Shabat no exigía ser practicado en aislamiento fueron los dos pasos más importantes en el proceso de introducir significado a mi vida.

El judaísmo es una religión social. El ascetismo no es fomentado. Uno puede rezar solo, pero la plegaria colectiva es más eficaz. Y, finalmente, uno puede pasar el Shabat solo, pero no se acerca en nada a un hermoso y significativo Shabat compartido con otros, sea como invitada en el hogar de otros, como lo fui tan frecuentemente, hace muchos años, o teniendo invitados en la mesa propia, como tengo el privilegio de hacerlo ahora.

Tienes que saber cómo hacerlo y entonces hazlo bien para merecer el tipo de paz que viene con el Shabat. No fue fácil, pero para mí valió la pena.

* Anita Ehrlich es una escritora independiente sobre temas vinculados al judaísmo. Su objetivo principal es criar a sus cuatro niños.

13.11.06

¿Qué es lo que más disfrutás desde que te acercaste a la Torá?

BS'D
¿Qué es lo que hace que una persona deje de jugar al fútbol los sábados y elija quedarse en su casa?
¿Por qué alguien decide ir a la noche a escuchar una charla de Torá en lugar de quedarse calentito en su casa mirando la televisión?
¿Cómo puede ser que una persona elija dejar de comer lo que quiere para comer solo alimentos kasher?
Seguramente no hay solo una respuesta. Sino muchas.
Contanos que es lo que te motivo a cambiar y qué es lo que más disfrutás de todo lo que incorporaste desde que te acercaste a la Torá.

31.10.06

Rezar en Lavalle y Florida

BS´D
Cuando empecé a estudiar Torá hubo algo que creí que sólo lo podía hacer la gente que estudiaba todo el día: el rezo de Minjá con minián. Al trabajar en relación de dependencia la Tefilá más difícil de hacer es la de la tarde. A veces no se puede rezar en privado o es un lujo contar con nueve personas más.

El primer rezo que incorporé en mi vida fue el Shemá de la noche. Después compré unos Tefilín y empecé a rezar a la mañana. Pasar de nada a 2 rezos me parecía más que suficiente. Minjá era algo imposible. Hasta que cambié de trabajo. De un barrio de la Capital tuve que ir a trabajar al Centro. No me gusta el Centro. Como en cualquier ciudad del mundo al único que le gusta el centro es al turista. Es gris, lleno de oficinas, con gente a las corridas. El Rab de la Comunidad donde estudio me comentó que había un minián en Florida y Lavalle, en una galería. Y es en ese preciso momento donde las cosas vienen servidas en bandeja donde surgen todas las dudas. ¿Cómo voy a hacer para cortar el trabajo, rezar y volver? No me va a dar el tiempo. ¿Cómo es el rezo de la tarde? No voy a conocer a nadie. Si voy una vez, ¿voy a tener que ir todos los días? Mis ganas de ir se juntaban con mis miedos que hacían que pensara que era mejor dejar la idea para cuando supiera más sobre la Tefilá.

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Hasta que me puse un objetivo que podía alcanzar. De querer ir todos los días pasé a conformarme con ir una vez por semana. Di el primer paso. No fue fácil. Estaba seguro que con una mirada fugaz la gente podía percibir que yo no era del palo de los que hacen Minjá con minián. Al ser un visitante ocasional nunca daba el salto a miembro del elenco estable. Ese círculo vicioso hacía que mis visitas siguieran siendo irregulares. Entró a trabajar conmigo un amigo con el que estudiamos juntos. Y él empezó a ir al minián como si fuera lo más normal del mundo. Para mí todo cambió. Ir con alguien no era lo mismo que ir solo.

No es que a partir de ahí empecé a ir todos los días. No soy una persona de cambios bruscos. Me reafirmé en el hecho de ir una vez por semana. Pronto me plantee ir tres veces y alguna más si podía pero prefería estar por encima de la promesa que estar en falta. Hasta que en un momento tomé la decisión más sana: dejé de hacer cuentas. Con todas sus dificultades me gustaba ir a hacer Minjá. Así que decidí ir siempre que pudiera. Esa decisión me abrió otra perspectiva.

Desde el momento en que me relajé pude apreciar cosas que siempre habían estado ahí pero yo no las veía. Dejé de mirar mi ombligo y miré a mi alrededor. Empecé a generar un vínculo con la gente. Y descubrí que no es gente que estaba esperando el mínimo error para amonestarme. Son personas que, como yo, trabajan en el Centro y necesitan un lugar para hacer Tefilá. Está el Rab Bassul que viene especialmente para dar un breve Shiur sobre Shemirat Halashón y la Parashá de la semana. Hay una persona que cede la oficina en forma anónima para que hagamos Tefilá. Hay alguien que llega más temprano y ordena las sillas. Hay un Jazán oficial y varios que debutaron como Jazanim en el minián. Hay gente que vienen todos los días. Hay visitantes ocasionales que firman el libro de visitas. Hay extranjeros que oyeron hablar del minián y vienen a hacer Tefilá. Hay una seudá cada Rosh Jodesh y hay una persona que se ocupa de esa seudá. Hay gente que viene desde lejos para poder rezar con 10 personas. Hay días que parece que no vamos a llegar al quórum y días donde parece que no entrara más gente en la oficina.

Ir a rezar ahí tiene algo de “Misión imposible”. Una oficina que durante el resto del día funciona como estudio de mediación, ubicada en una Galería. Si nos cruzamos con alguno del minián en el ascensor nos saludamos en forma cómplice, atravesamos el pasillo y golpeamos la puerta. Nadie sabe que ahí adentro se hace Tefilá. No hay que decir contraseña, es lo único que falta. Y en Sucot nos mudamos a otra oficina en Florida que tiene una Sucá y merece un artículo aparte. Como los agentes secretos es muy poco lo que sabemos uno del otro. De alguno sé el apellido, de otro sólo sé a qué comunidad va, de otro sé que tiene 4 hijos, de uno sé su nombre pero creo que él no sabe que lo sé.

Hacemos Tefilá, estudiamos un poco y volvemos al trabajo. Sé que nada es para siempre. En algún momento cambiaré de trabajo o la empresa donde estoy mudará las oficinas. Aunque suene a frase hecha no deja de ser cierto: creo que nunca voy a encontrar un minián como este.

Glosario
Minjá: rezo de la tarde.
minián: grupo de 10 hombres que se reúnen para rezar.
Tefilá: rezo.
Shemá: rezo nocturno.
Tefilín: filacterias utilizadas en el rezo matutino.
Shiur: clase de Torá.
Shemirat Halashón: cuidado del habla.
Parashá: sección de la Torá que se lee semanalmente.
Jazán: cantante litúrgico.
Seuda: comida festiva.
Rosh Jodesh: Comienzo del mes.
Sucá: Cabaña que se utiliza en la fiesta de Sucot.

27.10.06

Dime que te contesta y te diré que prejuicio tiene

BS'D
Invitás a un amigo a escuchar una charla de Torá

Dice: Tengo fútbol.
Prejuicio: Yo vivo en el mundo de hoy, no como hace 400 años.

Dice: Tengo facultad
Prejuicio: A mí no me van a lavar la cabeza.

Dice: Estoy bien así.
Prejuicio: Me van a decir que todo lo que hago esta mal.

Dice: Gracias, no es para mí.
Prejuicio: No quiero terminar con barba y sombrero.

Dice: Basta, no me insitas más.
Prejuicio: Quiero ser libre. No quiero vivir limitado.

26.10.06

Relaciones familiares

BS’D
Seguramente cuando leamos este artículo, muchos de nosotros nos vamos a sentir identificados.
Artículo extraído de: www.jabad.org.ar

"¿Qué clase de Di-s no querría que un hijo esté con su madre en una fiesta judía?", preguntó mi madre, exacerbada cuando le dije que no podríamos conducir nuestro automóvil en Iom Tov."Durante 36 años no te importaron las fiestas judías. ¿Ahora te importan pero no puedes traer a tus niños para estar con su abuela?"Yo sabía que estaba en peligro."Estoy contenta de que finalmente hayas decidido ser judío", continuó ella. "¿Pero tienes que ser tan religioso que no puedes comer en la casa de tu propia madre? ¿Eso es lo que Di-s quiere?"

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Le llevé la queja a Rabí Yosef Samuels, el Rabino de Milwaukee que me atrajo a la Torá."La Torá no es sentimental", me explicó. "Encara la verdad, y a veces la verdad no es lo que la gente quiere oír. Pero si confías en la verdad, lo que significa: si confías en Di-s, ella y El eventualmente te guiarán a donde quieres ir, aunque tal vez nunca sepas exactamente cómo llegaste allí".Mi madre no lo compró. Ni mis hermanas. Mirando atrás, no estoy seguro de que yo lo hice, tampoco.

Mantener los lazos familiares es un asunto a menudo doloroso para un baál teshuvá (retornante a la observancia judía). La observancia religiosa puede imponer separación de aquellos a quienes más amas, con frecuencia en el peor de los momentos: casamientos, bar mitzvás, reuniones de familia, incluso funerales."OK, se está casando en una sinagoga reformista. ¿No puedes venir a la boda de todos modos?""Lamento que la cena de aniversario será en un restaurante no-kasher. Pero realmente nos encantaría que tú estuvieras allí"."Nosotros no somos ortodoxos. Pensamos que su conversión es suficiente".La tensión continuó hasta los años finales de mis padres. Mi familia y yo disentíamos sobre el nivel de atención médica a administrar. El debate entre "calidad de vida" y halajá (ley judía) era intenso.

Mi padre falleció tras una prolongada enfermedad. Pero medidas heroicas ayudaron a brindar unos seis maravillosos años adicionales a mi madre.
Comúnmente evitábamos estos desacuerdos, eligiendo mantener la paz. No analizaba cuestiones espirituales con mi familia. Aprendí esta lección en mis primeros años de observancia judía. Yo era provocativo, proyectando una sensación de "he encontrado la verdad y ustedes no", con mucha arrogancia. Por aquel entonces, creía que mi nueva comunidad de amigos religiosos podría suplantar a mi familia. Pero me encontré con cuán errado estaba. Sólo tengo un juego de padres, y dos hermanas. Nadie los puede reemplazar.

Mi esposa y yo invertimos gran energía en crear una familia observante de la Torá. Ya preveo, más allá en el camino, mi mesa del salón comedor llena de hijos y nietos. La mesa se estira hacia adelante en el curso de las generaciones. Rabinos y eruditos, comerciantes y maestros, madres y padres están sentados allí, todos abrazando la Torá. Y aunque la Torá que abrazan es una Torá de verdad y no de sentimentalismo, mi visión es muy sentimental. Estoy muy agradecido, y orgulloso, de la vida que mi esposa y yo estamos forjando.Pero por más maravillosa que sea mi fantasía no reemplaza el amor que siento por mis padres y hermanas, o mitiga el dolor que siento cuando hay distancia entre nosotros. Y por eso, cada vez que podemos, mis hermanas y yo compartimos nuestras vidas.

En mi última visita a los Estados Unidos, mis hermanas y yo fuimos al cementerio para visitar a nuestros padres. Era muy íntimo. Mi hermana trajo pétalos de rosa todavía frescos de la boda de su hija y los esparció sobre el pasto bajo el cual yacen nuestros padres. Yo coloqué una piedra que había traído desde Safed.Una hermana leyó un hermoso párrafo acerca de cómo cuando pierdes de vista a un barco que cruza el horizonte, el barco todavía existe; y si bien no puedes verlo, sabes que hay otros del lado opuesto aguardando recibir a sus ocupantes. Yo traje un libro de Salmos, del que pensaba leer uno o dos capítulos. Leo suavemente en hebreo, mis hermanas en inglés. Cuando terminamos los dos que había escogido, una hermana dijo: "Leamos uno más". Esto continuó una media hora, mientras leímos una docena.Después, en el almuerzo, mi hermana mayor nos contó que recientemente se había asociado a una sinagoga por primera vez en su vida. "Quiero aprender más sobre el judaísmo y estudiar hebreo", dijo. "¿Crees que soy demasiado vieja para comenzar?"Mi otra hermana (también mayor que yo) pertenece a una sinagoga reformista. Nos contó que había comenzado a asistir a clases con un Rabino ortodoxo, mientras su esposo estudia con el mismo Rabino en un grupo de "almuerzo y estudio" varias veces en la semana. Ella explicó que no planeaban "volverse ortodoxos", pero disfrutaban de la profundidad del estudio.

Yo estaba complacido con estas actividades, pero me significaron menos que el simple placer que compartíamos en el restaurante y la proximidad que habíamos sentido ante la tumba. Supe ahora que lo que buscaba era intimidad, no coincidencias religiosas. Disfruté de nuestra unidad de familia y me maravillé por la capacidad de mis padres en mantenernos juntos, incluso en la muerte.

Camino de regreso del restaurante, todos concordamos en que la visita al cementerio había sido "simplemente perfecta". Yo regresaba a Israel en un par de horas, y cuando nos despedimos, cada uno dijo al otro "te amo". En ese instante sentí la presencia de los otros tres que habían venido para unirnos en este momento de partida, los tres que crearon los nexos que nos mantuvieron juntos y continuarán haciéndolo.Quizás lo imaginé, pero mientras nos dimos besos de despedida sentí que se nos habían unido mi madre y mi padre, sabiendo que estaban sonriendo; y que todos nosotros estábamos siendo rodeados y envueltos por Di-s, cuyo misterio y benevolencia incesantemente se despliega de las maneras más inesperadas. "Pero si confías en la verdad, lo que significa si confías en Di-s, ella y El eventualmente te guiarán a dónde quieres ir, aunque tal vez nunca sepas cómo exactamente llegaste allí".

20.10.06

Cuidar lo que decimos

BS'D
La gente de Shiurim.com.ar armó un proyecto para aprender a no decir Lashón Hará (hablar mal del prójimo).
Todos los días te mandan un mail a tu casilla con una halajá.
Para participar del proyecto manda un mail a: alta-jafetzjaim@shiurim.com.ar
A continuación ponemos el link de varias Halajót para escuchar on-line:
Halajá 1
http://www.ieshiva.org.ar/jafetzjaim/1729.mp3
Halajá 2
http://www.ieshiva.org.ar/jafetzjaim/2729.mp3
Halajá 3
http://www.ieshiva.org.ar/jafetzjaim/3729.mp3

23.9.06

¿Por qué la dieta kasher provoca que la gente se enoje?

BS'D
En la Enseñanza Semanal 629 que publica la gente de Jabad apareció una pregunta que seguramente muchos de nosotros nos hicimos.

Pregunta:
Desde que empecé a cuidar la dieta kasher, ha habido tensión en la familia. Mi hermana se siente herida pues no como en su casa y dice que asumo el rol de ser “más santo que los demás”, y mis padres dicen que estoy separando a la familia. ¿Qué puedo hacer?

Leer la respuesta


Respuesta:
Hay centenares de dietas dando vueltas estos días. Siempre que un grupo de amigos se reúne para comer, alguien dice algo como: “No puedo comer nada aquí, estoy haciendo la dieta de Shmutkin”, o, “No puedo comer hidratos de carbono después de las 10 A.M.”, o, “Puedo comer sólo porotos verdes y sandías hasta la próxima luna llena”.
Tales anuncios normalmente provocan un pequeño encogimiento de hombros -¡Si ellos escogen morir de hambre es cosa suya!

Pero cuando alguien dice: “No puedo comer nada aquí, pues como kasher”, la reacción es raramente tan serena. Por alguna razón, los judíos se sienten desafiados por otro judío que es más observante de lo que ellos son, y a menudo lo toman como un ataque personal.

A su hermana, cuando usted le dice que no puede comer su comida, es como si usted le estuviera diciendo que ella no es lo suficientemente buena para usted, que ella no es tan judía como lo es usted. Usted está hablando sobre sus propios hábitos de comida, pero ella está oyendo un juicio a su identidad judía.

No se trata de una reacción racional. Quizás en usted ella oye la voz subconsciente de su propia alma judía, que anhela vivir una vida más judía. Sea como sea, su tarea consiste en hacer neutral la situación. Usted tiene que aclararle que el hecho de que usted está comiendo kasher no significa de ninguna manera, que esté juzgando o condenando a nadie. Usted ha tomando una decisión sobre su propia observancia. No está pidiendo a nadie cambiar sus costumbres, sino sólo respetar el cambio que ha hecho.

Es su responsabilidad el mantener buenas relaciones con su familia, y para lograrlo debe desvivirse por hacer algo por ello. Continúe visitando a su hermana, y organice la comida kasher para usted. Sea lo más adecuado y manos demandante posible. Si lo maneja correctamente, acercará a la familia, porque usted logrará respetarlos y entenderlos mejor que antes.

La dieta kasher es espiritual. No promete hacerle perder peso a sentirse saludable, sino se supone que refina el espíritu. Sea un ejemplo viviente de un alma judía refinada de la manera que usted trata a su familia.

Rabino Moss

21.9.06

Mi abuelo tenía razón

BS'D
Esta historia tiene mucho que ver con la mayoría de nosotros. Seguramente nuestros abuelos o bisabuelos prepararon el camino para que hoy estemos donde estamos.

A continuación reproducimos una historia que publicó el Rab Oppenheimer extraída del libro “More Shabbos Stories” de Rabbi Simón Finkelman – Mesorah Publications/Artscroll.

El Sr. Eitan tenía un comercio mayorista de frutas y verduras en el norte de Israel. Diariamente sus camionetas salían a repartir a instituciones y a minoristas por el Galil. Cuando su hijo Iair cumplió 18 años, comenzó a trabajar con el padre. Dentro del recorrido de Iair, le tocó entregar mercadería en la Ieshivá Lev vaNefesh, una institución que se dedica a esclarecer a jóvenes interesados en profundizar sus conocimientos de Torá. Hasta aquel momento, el Sr. Eitan se había preocupado de “resguardar” a su hijo para que desconociera lo que es la Torá y no llegara entrar en contacto con personas observantes. A Iair le intrigó la forma de vestir de los jóvenes y se acercó a fin de inquirir acerca del por qué de sus Kipot y los Tzitzit que llevaban colgando.

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Ya a la altura de su tercera entrega de mercadería, Iair pidió que le enseñaran algo de la Torá que estudiaban. No demoró mucho tiempo antes que el padre se enterara de lo que estaba sucediendo, pues la manera de actuar de Iair se había tornado un tanto más seria y contemplativa. Esto encendió la ira del padre en todo su furor. La consecuencia de la ofensa fue que Iair cambió su recorrido de distribución. No obstante, la llama estaba encendida y Iair siguió visitando a sus nuevos amigos periódicamente. Dada la oposición del padre que no quería aceptar bajo ningún concepto que su hijo estudiara sobre esta religión arcaica, Iair decidió por propia cuenta empaquetar sus cosas y viajar a Ierushalaim a una Ieshivá sin contarle a su padre acerca de su domicilio, para que no lo obligara a volver. Su padre insistió, lo encontró y lo obligó a volver a casa. Pero la cuestión no quedó allí. El Sr. Eitan le inició juicio al Rosh Ieshivá de Lev vaNefesh por “lavaje de cerebro” a su hijo.

El día del juicio la sala del tribunal estaba colmada. El abogado del Sr. Eitan hizo su exposición. Iair dio su testimonio en el sentido que nadie lo había incitado o persuadido a hacer nada en contra de su voluntad. Mientras se iban cumpliendo los procedimientos legales, el juez, un hombre mayor miraba intensamente al Sr. Eitan. Seguidamente el juez solicitó al Sr. Eitan que quería hacerle algunas preguntas. El Sr. Eitan, un poco sorprendido consintió.

“Dígame, Sr. Eitan, ¿es Usted oriundo de la ciudad de Pinsk?”
El Sr. Eitan asintió con la cabeza.

“Dígame, Sr. Eitan, ¿era su nombre antes de la guerra ‘Stark’?”
El Sr. Eitan asintió nuevamante con la cabeza, muy extrañado.

“Ah” – dijo el juez – “yo lo conozco muy bien a Ud. Ud. proviene de uno de los hogares más respetados de la ciudad de Pinsk. Su padre era una persona muy religiosa y su madre se dedicaba cotidianamente a hacer obras de bien para con los necesitados.” A esta altura la cara del Sr. Estaba pálida, pero no podía decir una sola palabra.

“Cuando Ud. era joven, Ud. decidió no seguir el camino de su padre y se rebeló en contra de todas sus enseñanzas. Cuando cumplió 18 años, Ud. solía fumar en público en Shabat y esto le causó mucho dolor y vergüenza a su padre, quien, de la noche a la mañana, pasó de ser una persona cálida, alegre y emprendedora a tener la apariencia de un anciano. De su madre se decía que cuando encendía las velas de Shabat los viernes, derramaba ríos de lágrimas.
Yo no soy una persona muy observante, pero sí, creo en D”s. Nunca entendí como D”s podría ignorar los rezos de una mujer tan virtuosa.

“Hoy fue contestada mi incógnita. Veo que su llanto no ha sido en vano. Hoy, después de medio siglo, su nieto ha vuelto al camino de sus antepasados.

“Sr. Eitan. Ud. ciertamente recordará que los amigos de su padre se le acercaron y le rogaron que por la salud de su padre, Ud., al menos en público, no profanara el Shabat. Sin embargo, Ud. respondió: ‘Soy mayor de edad y tomo mis propias decisiones. Vivo mi vida como yo plazco’. ¿Ahora Ud. tiene la temeridad de interponer una demanda, porque su hijo volvió a los caminos que Ud. abandonó?”
“La causa es nula”

18.9.06

¿Qué hacer con esos amigos que no quieren saber nada con el judaísmo?

BS’D
Todos tenemos amigos o familiares judíos que por una razón u otra viven alejados de su judaísmo. ¿Se puede hacer algo para acercarlos a la Torá? Si.
Estamos armando una base de datos con gente que cuando escucha la palabra Rab, Templo, Shiur o Torá sale corriendo.
La idea es enviarles mails con textos muy cortitos que los ayuden a reflexionar.
Entonces, si querés que tus amigos o familiares se acerquen a la Torá, hacé mucha Tefilá y mándanos sus mails a miabueloteniarazon@gmail.com
Los datos van a ser usados con suma discreción y no vamos a divulgar la identidad de la persona que nos mandó los mails.