10.10.07

¿La comida casher, une o separa a la familia?

BS’D

Ester nos envía un artículo donde nos cuenta su experiencia familiar al empezar a comer comida casher.

Todos sabemos que por el simple hecho de ser judíos, debemos comer comida casher, porque es lo que D' os nos indico.
¿Pero, a todos los judíos, nos resulta tan fácil entender este concepto?
Yo te diría que no, por propia experiencia.

Vengo de una familia tradicionalista, donde siempre nos reuníamos para las festividades, pero nunca jamás había tenido ningún acercamiento a ningún "religioso", ni a ninguna persona que coma casher.

Me case hace 29 años, mis hijos fueron a escuelas judías, y continuamos como acabo de contarles por varios años. Pero llego un momento que el tren hizo una parada en nuestra casa, y decidimos subirnos, como diría nuestro amigo Oscar.

Cerramos el negocio los sábados, y en pocos meses, toda nuestra alimentación era casher.
Todo fue hecho de a poco, o mejor dicho a nuestro tiempo, en el momento que necesitábamos cambiar. Pero lo más importante, todos los cambios dieron felicidad y alegría a mi familia.

Mi marido y yo dimos el puntapié inicial, y con el tiempo, sin ningún tipo de presión ni obligación, agradezco a Hashem porque mis dos hijos siguieron nuestros pasos.

El cuentito esta lindo, pero si fuera todo tan fácil, algo anda mal, según dice el Rab Serruya. La Torá es hermosa, pero su camino a veces trae dificultades momentáneas. Tenemos que ir contra la corriente, contra muchos que no nos entienden, contra otros que nos pelean por hacer lo correcto, contra algunos que no se dan cuenta que el verdadero motivo de la existencia de un judío, es intentar paulatinamente, estar cerca de Hashem. Entonces eso si es nuestra prueba, ver si podemos lograrlo.

Mi prueba es mi familia primitiva, mis padres, a los que amo intensamente, y pido a Boré Olam que les de larga vida, salud y alegrías hasta los 120 años. Ellos son buenísimos, generosos, les gusta la familia unida, pero me educaron comiendo comida no casher, y a los 77 años, les resulta muy difícil entender mis cambios.

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Paulatinamente se fueron acostumbrando a que no comiéramos carne no casher, cosa que digerían de a poco.
Pero les es imposible aun adaptarse a la idea que no íbamos a comer nada que no sea casher. Eso ya era demasiado, ya nos hicimos fanáticos.

Guardaban secretamente la esperanza que sus dos nietos, o sea mis hijos, opinen lo contrario que nosotros, como hacen en la mayoría de otros temas, pero los chicos son muy espirituales, además de inteligentes y muy buenos (¿que va a decir una idishe mame? ). Y los chicos decidieron por su propia voluntad, alimentar su alma además de su cuerpo. Y por lo tanto, ellos también comen sólo comida casher.

En estos momentos, hay tanta cantidad y variedad de comercios casher, que no me resulto para nada difícil hacer el cambio.
Si compraba una buena marca de cualquier producto, el precio era el mismo. O sea que fue cuestión de tomar la decisión y listo.

Pero la abuela quería cocinar a sus nietos sus infaltables knishes con milanesa a la napolitana.

¿Cómo es posible, yo me pregunto, que un judío siga juntando carne con leche? ¿Por qué estábamos tan desinformados?
¿Nadie nos explicó, o es que no queríamos escuchar?
¿Por qué en las escuelas y clubes judíos tradicionales, no prohíben los sándwiches de jamón y queso?

Parece que somos duros, nos cuesta entender algo que sale gratis hacer, y no da trabajo. ¿Por qué elegimos comer la hamburguesa con queso, si en el comercio de al lado, venden hamburguesa casher sin queso?
Es muy difícil cambiar toda una vida de mas de 70 años, como les ocurre a mis padres, pero les aseguro que no es imposible.
Sólo les bastaría con ser un poco detallistas, y ver las caras de satisfacción de sus nietos.
Es increíble ver su entusiasmo cuando les cuentan sobre la existencia del alma, sobre la teshubá, sobre la vida eterna.

Son esos abuelos que se alejaron de lo que sus propios abuelos les transmitían sin explicación alguna, los que ahora tienen la posibilidad de retornar a sus raíces escuchando las palabras de sus nietos.
Que maravillosa oportunidad que tienen al alcance de sus manos para no desaprovechar.

Son esos nietos cancheros, modernos, inteligentes, universitarios, respetuosos, de buenos sentimientos, que sin rodeos ni palabras difíciles les pueden contar cosas de la inmensa sabiduría de nuestra Sagrada Torá. Muchas de las cuales todos hacíamos sin saber que eran mitzvot dadas por Hashem.

Sólo basta con dejar de lado esos prejuicios tan arraigados en muchos de nosotros, y aflojarnos y dejar que todo lo nuestro embriague nuestra alma y la sensación va a ser mucho mas placentera y duradera que lo que nunca pudimos imaginar.

Vamos a tener la inmensa sensación de felicidad que solamente nos puede dar el saber que estamos haciendo lo correcto.
Algunos creen que cumplir lo que dice la Torá los va a privar de disfrutar de algunos placeres materiales que hoy tienen, pero realmente no se imaginan que solamente con una vida espiritual completa, se llega a estar satisfechos y a disfrutar plenamente de todo lo material que Hashem nos brinda.
Solo dejemos el prejuicio de lado, y sentémonos todos los judíos juntos en la misma mesa, comiendo lo que Nuestro Creador nos indicó, y sin lugar a ninguna duda, nuestras familias van a estar siempre unidas, y la berajá y el shalóm van a reinar en nuestros hogares.

Amén. Que así sea.

11.9.07

Querido hermanito

Agradecemos al Moré Gabriel Duer por tenernos siempre presentes y enviarnos material para la página.

Voy a pedirle un favor a usted que está leyendo esta carta que estoy escribiendo con mis últimas fuerzas. Mi vida ya pronto va a acabar, me quedan pocas horas y necesito dejarle un mensaje a mi hermanito que todavía no ha nacido. No llegará hasta que yo me vaya, así es nuestro destino: no nace el nuevo hasta que el anterior... Bueh, ya sabe.

Pero perdón, aún no me presenté. Soy el año 5768. Sí, ya nos conocemos, vivimos juntos todo este último año. Mi hermanito que esta por nacer es 5769, y es a él al que necesito dejarle este mensaje:

QUERIDO HERMANITO:

Hace 355 días pasé por lo que vos estas pasando en estos momentos. Recuerdo que nací con tantas esperanzas, con la seguridad que durante mi vida llegaría la tan ansiada Gueulá (Redención), que los Iehudim verían por fin al Mashiaj tan esperado y se sanarían los enfermos, que las guerras desaparecerían y que el dolor no existiría, que la dulzura florecería como la hierba, que la paz, justicia y abundancia serían cosa de todos. Tantas cosas pensé y sentí en esos días.

Todavía recuerdo cómo se conmovían los Iehudim al escuchar los sonidos del Shofar y recibían sobre ellos la Teshuba. La Teshuba, llave de todos los cofres de la felicidad. Se decretaban tantas cosas buenas. Y a los pocos días: ¡Kipur! Más Iehudim aún venían para conseguir el Perdón Celestial. Todos ayunaban y rezaban todo el día.

Pero las cosas no sucedieron como yo las pensé. Pasaron los días, las semanas, los meses y muchos de los compromisos asumidos en Rosh Hashana y Iom Kipur no se cumplieron. Tantas veces me enojé: no te quiero contar, hay cosas muy pero muy tristes. Me voy llevando cicatrices de la Vida que son muy dolorosas pero la idea de escribirte no es para contarte cosas tristes sino para darte ánimo. Se dice que están llegando los últimos tiempos, Los Tiempos Finales. El mío no fue el último año pero el tuyo si podrá serlo, porque llegará un año en el que los Iehudim haran ese esfuerzo y tomarán estas decisiones.

Ya están muy cerca de lograr su cometido:
• ¿Sabés cuantas familias ya comen Kasher? ¿Sabés lo que eso significa? Están cambiando sus Vidas. Están buscando cumplir con el mandato de Hashem a pesar de sus dificultades.
• ¿Y cuántos respetan el Shabbat? Eso sí que es un desafío. Seguramente la recompensa no tardará en llegar.
• Cuántas parejas observan la Pureza Familiar. Esas familias ya respiran otro aire: la pureza flota en el ambiente.
• Ya casi no quedan personas, sin distinción de sexo ni edad, que no dediquen un tiempo, poco o mucho, en el día para el estudio de la Torá. Seguro que sabiendo el camino por donde se llega a la meta, lo van a lograr.
• Con todo lo que te estoy contando de los Iehudim es más que seguro que este año se va a dar lo que hace tanto tiempo esperan. Por eso te escribo, para bendecirte, para desearte que durante tu vida todo sea alegría, que llegues a cumplir tu ciclo sin golpes ni heridas. ¡Bastante ya recibí yo! Seguro que la cuenta ya está cubierta.

QUERIDO HERMANO: el tiempo se me está acabando, debo despedirme. Te deseo lo mejor, que seas muy feliz y que en ti todos sean felices. Que tus días sean de dicha y alegría, que en ti se cumplan todos los sueños de todos los años anteriores. Y por último que con orgullo se hable de ti: 5769.

Y a usted, que me leyó tan atentamente quisiera pedirle un último favor:
CUIDE A MI HERMANITO.

De usted depende que crezca sano y lleno de felicidad.
Esa felicidad será también para usted y los suyos. Disfrútelo y sinceramente : gracias por todo.

¡Chau!

Firma: 5768

Quería compartir con ustedes esta carta redactada por el Rab? David Bassul y desearles Shana Toba u Metuka.

Gabriel Duer

8.9.07

Historia clínica de un paciente judío

BS’D
En la página de la Comunidad Shaare Sion que dirige el Rabino Isaac Rubén Yacar encontramos este interesante artículo que, por medio de una comparación, nos muestra cómo es el proceso que abarca desde el mes de Elul hasta Simjat Torá.

Paciente: Joven Judío.
Edad: 20 a 25 años.
Caso: Conducía alocadamente su vida y se "estrelló" contra la realidad.
Fecha de ingreso: Primero de Elul.
Diagnóstico: Reservado.
Presenta: Politraumatismos internos espirituales, estado depresivo, semiinconciencia, amnesia e histeria.

TERAPIA RECOMENDADA:

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Medicación: Inyecciones de Selijot todas las madrugadas durante 40 días.

Control: Controlar la presión espiritual por la mañana mediante la puesta diaria de los Tefilín.

Ejercicios: Ejercitar diariamente, mañana tarde y noche con sesiones de Tefilá (Shajrit, Minjá y Arbit).
Dieta y Nutrición: Dieta rigurosa y estricta, sólo productos "Kasher".
Suministrar dósis de "Torá Misinai" (única droga eficaz para estos casos) cuantas veces sea posible. Administrar por "vía oral" grageas de "Berajot" para antes y después de cada comida.

Reposo indicado: Shabat; desconexión con lo material y mundano, reposo absoluto el día séptimo.

Exámen e intervención decisiva: El paciente pasará por el "quirófano" el día 1 de Tishri; (Rosh Hashana) donde será sometido a minucioso y severo exámen, durante 48 Horas, para determinar su estado y dictaminar sobre su futuro.


Promediando el día se hará la "prueba de sensibilidad", instante culminante del proceso, que consiste en emitir especiales "ondas sonoras" (Tekiat Shofar) hacia la profundidad del "centro neurálgico" del paciente, a fin de despertarlo de su letargo y comprobar su poder de reacción. Al cumplir las 24 Hs. de examen, se ha de practicar el "Tashlij"; consiste en evacuar y expulsar del paciente todo vestigio y lastre de sedimentos nocivos.

Período de transición: Tras la instancia crucial del examen antedicho sobrevendrán diez días de transición y prueba.

PERÍODO DE TRANSICIÓN:

Tratamiento: En estos días, se incrementarán los cuidados, aplicando dosis de "Selijot Forte" (dosis aumentada). Durante los días de transición, en las sesiones de "desayuno, merienda y cena" espirituales, (el ejercicio psicomental Tefilá, se insertará el factor "Hamelej" en lugar del corriente "Ha’Kel") para intensificar la concientización. Del mismo modo, se recomienda incluir los ejercicios de "Zojrenu", "Ujtob", "Mi Jamoja" y "Ubsefer Jaim" éstos, son muy útiles para curar "la amnesia" y estimular la memoria.

Terapia Psicológica: Se ha de proyectar al paciente hacia su pasado, por medio de sesiones de "Teshuvá" técnica, que consiste en: Una serie de análisis, reflexiones y autocrítica, sobre las acciones que desencadenaron la actual situación y práctica de nuevas pautas para proceder en el futuro.

Dictamen y veredicto final: Tras el período y proceso de recuperación, se procederá a la revisión final y decisiva en la cual se observará la evolución del paciente y se le someterá a "pruebas de potencia" con la intención de poder dictaminar al fin el resultado.

Día de chequeo y Test: El día diez de Tishri (Iom Kipur) se ha de presentar el paciente, practicando ayuno total e imbuído de la vital trascendencia para recluirse durante 24 horas de concentración espiritual con el fin de lograr su total y definitiva recuperación, de alma y espíritu, para quedar por fin "fuera de peligro". Ese día ha de practicar cinco sesiones de "Tefilá" agregando la denominada "Neilá", dosis de gravitación muy favorable e importante en el proceso de recuperación.

Habiendo superado satisfactoriamente estas pruebas en instancias definitorias, dotado ya por entonces de lozanas y renovadas energías espirituales, ha de considerarse al paciente totalmente... recuperado y a salvo, festejándose el hecho con alegría y júbilo (toque de Shofar).

Rehabilitación y alta final: A continuación el paciente debe ingresar al "centro de rehabilitación espiritual" (la Sucá), donde permanecerá por el transcurso de siete días, lejos del mundanal ruido al aire libre bajo el mágico inflijo de la naturaleza, rodeado de famosos y venerados instructores (Shibá Ushpizin) que lo visitarán y guiarán en este paradisíaco período.

En un clima de plena espiritualidad y festivo, rodeado de típicos y deliciosos manjares, junto a su familia radiante y feliz, ha de gozar siete días de celebración y placer por su exitosa y total rehabilitación.

Portando con orgullo y emoción un simbólico estandarte (Lulab) compuesto de determinadas especies vegetales (que representan a sus sentidos, hasta ayer deteriorados y gravemente lesionados, hoy ya sanos y recuperados) ha de disfrutar con ellos dichoso y agradecido, durante los siete días.

Retorno a la vida: El octavo día de la rehabilitación, concluirá el proceso y le será concedida el alta definitiva; produciéndose entonces el ansiado retorno a la vida normal y el deseado feliz reencuentro con su adorada "Madre", la que siempre estuvo a su lado, a pesar de ser ignorada (la Torá) a quien estrechará en un desesperado, emotivo e interminable abrazo, besándola repetidamente mientras baila extasiado con ella, prometiéndole no reincidir en las faltas cometidas y no volver a abandonarla jamás. Esto ocurre en Simjat Torá.

LESHANÁ TOBÁ TIKATEBÚ VETEJATEMÚ LEJAIM TOBIM ULSHALOM...


GLOSARIO

Elul: Mes previo a Rosh Hashaná.

Selijot: Plegarias que se realizan en el Templo antes del amanecer, desde 30 días antes de Rosh Hashaná.

Torá Misinai: La Torá entregada en el Simaí. (expresión próxima a terramicina)

Berajot: Oraciones de gracias a Di-s que se dicen antes y después de ingerir alimentos.

Tashlij: Rezo que se dice la tarde de Rosh Hashaná cerca de una corriente de agua en la que simbólicamente se echan los pecados sacudiéndose la ropa.

Diez días de Transición: Los que transcurren desde Rosh Hashaná hasta Iom Kipur.

Zojrenu, etc: Frases especiales que se agregan en el rezo diario desde Rosh Hashaná hasta Iom Kipur.

Hamelej: "El Gran Rey" expresión que se dice en esos días en referencia a Di-s en cambio del habitual "a(k)el".

Teshuvá: Reflexión y arrepentimiento.

Neilá: Rezo exclusivo y culminante del día de Kipur.

Sucá: Cabaña con techo de juncos en la que se come y se vive en la fiesta de Sucot, después de Kipur.

Shibá Ushpizín: "Siete huéspedes ilustres" que nos "visitan" en cada uno de los siete días de Sucot; son ellos: Abraham, Isaac, Iaacob, Moshé, Aharón, Iosef y David.

Lulab: Hoja de palmera aún cerrada, que junto a ramos de sauce, mirto se portan juanto al etrog (cidra) durante los rezos de la fiesta de Sucot.

Madre Torá: Así la denominó el gran Rey Salomón: "No abandones la Torá, es tu Madre..."

Simjat Torá: Último día de Sucot en el que con especial alegría y júbilo se baila con el Sefer Torá.

7.8.07

10 cosas que aprendí desde que regresé en Teshuvá

BS'D
Este artículo lo encontramos en la página del Dr. Betch y teníamos ganas de compartirlo.

1.- Que el camino de la Torá es mi camino a casa.
Yo siempre me sentí como fuera de lugar. Como que hacer lo correcto no estaba de moda. Si alguien me prestaba un veinte para hacer una llamada de teléfono (antes con esa moneda se hacían las llamadas) y yo lo devolvía, me decían “Ay, qué payasa”; y yo no podía quedármelo, tenía que pagarlo de regreso. Ahora sé que hacía lo correcto.
Así como esto, muchas cosas de mi vida, que me fueron inculcadas, aunque en un ambiente no religioso, ahora cobran sentido, y ahora con más fuerza puedo seguir un camino que está hecho a la medida para mí, al igual que a la medida de cualquier yehudí.

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2.- Que el Shabbat es un oasis en el tiempo.
En medio de este mundo acelerado, si no fuera por Shabbat, yo seguiría en el acelere total. Tal vez pasando mi vida de largo sin detenerme a contemplarla, ni a mi vida, ni a mi familia, ni al mundo en general. Yo siento que antes vivía en un mundo del futuro, no percibía el momento presente, en mi mente iba un paso adelante en mi lista de quehaceres. Ahora el viernes en la tarde, la lista se guarda en un cajón, ni siquiera la tengo a la vista, y me dedico a vivir el momento, sin nada que me preocupe, sin ningún pendiente, me siento a saborear la comida y la charla de sobremesa que nunca tenemos igual entre semana. Créanme, uno dice que puede hacerlo en cualquier momento, que no necesita de Shabbat, pero el caso es que NO LO HACEMOS. Dejo las lecturas más sabrosas para Shabbat, y contemplo lo que leo en mi mente; a veces las ideas penetran más profundamente, a veces no. A veces sólo me la paso jugando juegos de mesa con mis hijos. Pero es realmente sentir y no pensar en preocupaciones.

3.- Lo que no se logra con amor, no se logra.
Si yo forzara a mis hijos, o a mi familia a seguir mi camino a la fuerza, ¿qué estaría logrando? Tal vez logre que hagan más Mitzvot que antes, pero cuando mi rango de influencia ya no esté, ¿qué va a pasar?
Aprendí que la Mitzvá de Brit Milá la hizo nuestro Patriarca Abraham Avinu con amor y con alegría, y esta Mitzvá sigue aún hoy en día, a pesar de lo inverosímil de ésta, ante un mundo de alta tecnología y ciencia avanzada. La gente más alejada la cumple, ¿por qué?

4.- No puedo hacer cambiar a la gente, sólo yo puedo cambiarme a mí misma.
Esto ha sido algo de lo más difícil que he aprendido. El único control que tengo es con respecto a mis propios cambios externos e internos. No existe absolutamente nadie al que yo pueda cambiar.

5.- A veces los logros no se notan, pero allí están.
En mi caso particular, lograr que se me aceptara como shomer Shabbat era uno de mis temores principales, viviendo en un medio ambiente totalmente secular.
Pero para mi sorpresa, poco a poco ha habido aceptación. No fue perceptible, pero se fue dando.

6.- La Torá llena la vida, pero no alcanza la vida para abarcarla, y no importa.
La Torá ha hecho más tolerable mi vida, me ha iluminado en momentos de desesperación, me ha calmado y ha sosegado a mi alma inquieta. Al principio me decía a mí misma, ¿cuándo voy a poder aprender todo lo que hay que aprender? NO me va a alcanzar la vida. Pero ahora sólo disfruto del camino. No voy a abarcarla toda. Cuanto más aprendo, más distancia hay por recorrer. ¿Cuándo vamos a alcanzar el infinito? Nunca. Pero no importa.
Estar en el camino es suficiente.

7.- Un jidush o una idea captada de la Torá da un placer duradero que siempre que lo recuerdo, me da ese placer inicial.
Hay muchas ideas que me han cambiado. Pero una de ellas es que el Sol nos da un ejemplo de la beneficiencia Divina. El sol no cambia, pero actúa de diferente manera sobre las cosas en la tierra. A algunas, las quema, a otras las blanquea... Así es Hashem, Él es el Eterno, y no cambia, pero si yo cambio aquí en la Tierra Su Berajá llegará de maneras distintas.
Otra idea es que el hombre, astronómicamente es una mota infinitesimal del vasto cosmos, pero astronómicamente el hombre es el astrónomo. Este tipo de ideas y otras muchas más me dan para pensar y sentir placer cada vez que las medito.

8.- “Nunca” puedes equivocarte si eres fuerte y permaneces en silencio.
Si yo les platicara cómo este consejo me ha salvado de más de un problema conyugal y familiar... Un día, mi esposo llegó de mal humor del trabajo.
Muchas veces como esposa me siento aludida en tal humor, pensando que algo que hice lo puso así. Aunque me diga que no es así, muchas veces medita uno que si una fuera mejor esposa, o cocinara más rico, o un sinfín de etcéteras, podría cambiarle el humor a él. El caso es que en lugar de insistir de si hay algo que pudiera yo hacer, si el problema es conmigo o no, decidí quedarme callada. Así pasaron 24 horas, al final de las cuales, mi esposo me comentó por qué había estado de mal humor el otro día. Y no tenía nada que ver conmigo. Si yo hubiera empezado a dar mi opinión el día anterior, hubiera abierto un capítulo que tal vez no tenía nada que ver en ese momento y habríamos acabado discutiendo.

9.- Si pides demasiado, no recibes nada.
Yo soy diseñadora gráfica y como tal he incursionado en el mundo del arte. A veces he pintado cuadros, a los cuales al darle el toque final, los arruino. Un arte dentro del arte (si me permiten la redundancia) es saber cuándo parar. También en diseño, a veces menos es más. Hay mensajes que entre más cortos y concisos, mejores.
Al tratar de educar a mis hijos por el camino de la Torá, lo cual a veces no es fácil en un ambiente secular, he notado que pidiendo menos logro más.
Un día, por enécima vez le estaba recordando a mi hijo de decir una berajá antes de comer. Y la dijo pero con tono de fastidio. Hablé con él y le pregunté si quería que le siguiera recordando o no, y me dijo que no. Así que me abstuve. Al principio cuando se le olvidaba, me costaba trabajo no decir nada. Pero con el tiempo, él solo dice las berajot, y las dice tan bonito que valió la pena aguantarse.
Pero si están aquí es por algo. Si Hashem los mantiene aquí, ¿quiénes somos nosotros para despreciarlos o para restarle valor a su existencia?

10.- No podemos saber el propósito de la existencia de cada ser humano que conocemos.
Pero si están aquí es por algo. Si Hashem los mantiene aquí, ¿quiénes somos nosotros para despreciarlos o para restarle valor a su existencia?

11.- El verdadero exilio lo tenemos dentro de nosotros.
Si, ya sé que el título dice las 10 cosas que he aprendido, pero se me “pegó” esta última y creo que es importante.
La falta de tolerancia hacia las diferencias que he notado, empezando por mí misma, al empezar este maravilloso camino de la Torá, creyéndome con la verdad última del mundo, que la Torá sí lo es, pero no necesariamente mi interpretación de ella. Para poder llegar a decir eso me falta un camino muy largo de estudio, de reflexión y de cambios en mis rasgos de carácter, y aun así, quizá no llegue a saber cuál es la verdad última para poder transmitirla.
Pero sí he logrado aprender algo es esto: mi vida, mis experiencias mi reflexión me llevaron a seguir este camino. Cada uno tiene derecho a llegar al suyo propio ( el cual no necesariamente será el correcto). Y así creo que Hashem lo decide, porque si no, ¿por qué hay tantas diferencias? Y no me refiero sólo a los que siguen los lineamientos de la Torá y a los que aún no siguen todos los lineamientos de la Torá. Me refiero a todos los yehudim. Desde chica, me ha dolido tanto oír cómo nos llamamos entre yehudim, según nuestro origen, con nombres que a veces tienen tono despreciativo. Peleas entre hermanos si tal Mitzvá es mejor hacerla así o de otra manera. Yo no soy quien para juzgar quién tiene la verdad. Pero mientras no haya amor y unión entre nosotros, ¿cómo podemos salir del exilio?
Aún sigo caminando. Y estoy segura de que aprenderé muchos más puntos, Beezrat Hashem, y Le agradezco el privilegio que me otorgó de así poderlo hacer.

19.7.07

Testimonio de Iaacov

BS'D

Reproducimos la entrevista entera de Iaacov Ghea.

Partes de este testimonio están en el documental "¿Para qué sirve ser judío?"

Para ver el documental hacé clic acá:
Ver documental

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16.7.07

Caras Verdes

BS'D
Publicamos un artículo escrito por el Rabino Daniel Oppenheimer.

Hace unas semanas estuve invitado a conversar con un grupo de padres de un "club judío" y, en medio de la charla, les formulé una pregunta cuya respuesta, dada por obvia, no se cuestiona habitualmente. ¿Uds. están interesados en que sus hijos sean judíos? "Sí". ¿Sus nietos y bisnietos...? "Sí". "¿Por qué?" pregunté.
Allí comenzó la indignación. "¡Cómo 'por qué' - para que se mantenga la tradición, los valores judíos!" Yo insistí: "¿Qué tradición y qué valores judíos? "Y... ¡las fiestas, la honestidad... para que haya continuidad!"

No me convencía nada de lo que ellos decían, aun cuando mi demostración de falta de convicción les irritaba un poco. ¿Para qué necesitan Uds. que siga la tradición, qué "culpa tienen sus hijos que a Uds. les cause nostalgia algún recuerdo de las "fiestas" que recuerdan de su niñez...? Si por "valores judíos" se entiende la honestidad, pues... no hace falta ser judío para ser honesto. Lamentablemente los hay de ambos lados. Y eso de continuidad... ¿para qué necesita Ud. la continuidad? ¿para preservar la especie? ¿qué somos... osos panda de la China o alguna otra especie en extinción de África? ¿para qué quieren que sigamos existiendo? ¿Uds. se consideran personas justas y coherentes, aman a vuestros hijos? "¡Sí!" Ahora, Uds. bien saben que lo más probable es que por su condición de judíos, sus hijos y nietos sean discriminados. Hasta es muy factible que en cierto momento sea peligroso para ellos declarar ser judíos. ¡Qué seguridad tienen Uds., acaso, que justo en nuestra época se termine el odio y la discriminación, después de tantos años de intentos frustrados! ¡Para qué los exponen!?
Silencio.

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Ahora, querido lector, mientras Ud. se toma unos minutos para ponderar su respuesta (por lo menos, espero que lo haga si aún no la tiene), le voy a citar un comentario que trae Rash"í acerca de las terribles "maldiciones" que se mencionan en la lectura de esta semana: "cuando escucharon los israelitas las 98 maldiciones (que iban a sufrir en caso que ellos o sus descendientes no observaren las leyes de la Torá), sus rostros se tornaron verdes (del susto), diciendo: ¿acaso es posible sobrellevar estos sufrimientos? Les respondió Moshé: Uds. están hoy aquí parados ante D"s; mucho habéis enojado a D"s, y, sin embargo, aún estáis".

Cuando leemos este texto desde otro momento de la historia (el nuestro), con los testimonios personales que hemos oído directamente de boca de las mismísimas víctimas de los peores horrores y las imágenes fotográficas de lo que sucedió en nuestro siglo, ese "ponerse verde sus caras" hace 3.300 años, no fue una actitud en absoluto exagerada. Volviendo, no obstante, al momento en que los israelitas escucharon las maldiciones, aun con sus "caras verdes" del susto de la responsabilidad que les cabía, firmaron el pacto con el Todopoderoso a sabiendas de lo que podría suceder a sus descendientes. La "tenían clara". Y por generaciones, los judíos "tuvimos claro" lo que implica ser judío y que nuestra situación, aun desfavorable y muchas veces crítica, responde al plan Di-vino de aquel pacto que cerramos.

Pero hoy, no vemos las cosas con tanta claridad. Sacamos a D"s, a Su Torá, a nuestra historia y a nuestra misión del camino. Nuestra tolerancia al sufrimiento disminuyó considerablemente y, ante la menor molestia, lloramos y gritamos. Partimos de la presunción que nuestra vida debería ser un Gan Eden perfecto en el cual no se sepa de padecimientos, penas, aflicciones o preocupaciones de ningún tipo. Tal como lo pintan en las publicidades de las vacaciones en el Caribe. Comparada esa perfecta tranquilidad, nuestra vida siempre ser un infierno. Y, siendo judíos, si nos miran un poco raro o nos hacen un comentario despectivo... ¿cómo lo podríamos superar?

Ahora bien, no piense un minuto que a D"s le agraden nuestras penas. Es más, Él "sufre con nosotros" y nos "acompaña" en todos los destierros. No sólo eso, sino que no le falta a Él provisión para realmente brindarnos todos los placeres que pudiésemos imaginar. De Él afirmamos que "Su misericordia se extiende hacia todas las criaturas" y que "prepara sustento para todas las criaturas que creó".
Dada nuestra percepción egocéntrica y hedonista, olvidamos que tanto en lo individual como en lo comunitario existimos únicamente gracias a la infinita Bondad Di-vina. Es más, gracias a aquella Bondad, el Galut (exilio) que atravesamos nosotros, puede ser considerado moderado y suave comparado con cualquier otro momento de la historia. Una oportunidad única que nos permite desarrollar nuestra misión judía de estudiar la Torá y observarla prácticamente sin impedimentos externos.

Sepamos reconocer las virtudes cuando gozamos de momentos tranquilos. No tiremos de la soga cuando no corresponde. Desafortunadamente, los medios de comunicación "judíos" que llegan a manos y a oídos de la comunidad argentina en general, se toman la atribución de vociferar acusaciones arriesgadas pensando que al antisemitismo es posible "combatirlo". Criticar públicamente a Sarmiento en el día en que en todas las escuelas se lo venera así como nos enseñaron desde chicos, por sus expresiones antisemitas (no importa ahora si lo que dicen es históricamente verdad, o no), es en el mejor de los casos irresponsable, si no arriesgado. El horno "no está para boios".

Volvamos a la pregunta inicial. ¿Por qué insistimos en transmitir nuestro judaísmo? Pues cerramos un pacto con D"s por el cual nos comprometimos a demostrar que el verdadero bien está en el camino de la Torá , mediante la práctica de las Mitzvot que debiéramos difundir con una conducta ejemplar. No existe mayor desafío ni razón de vida que esto. La vida sin este reto, simplemente no es vida.
Aunque se nos pongan las caras verdes de susto.

Daniel Oppenheimer

4.7.07

Concurso literario

La gente de Morashá organiza un concurso literario sobre el tema "Ser judío".
Pueden participar jóvenes de 18 a 25 años.

Los textos ganadores se enviarán al kotel, ganarán un reproductor MP4, un almuerzo en Dashi Kosher y serán publicados en nuestra página.

Mandá el texto con tus datos a: grupomcomunicacion@hotmail.com

Hay tiempo para escribir hasta el 30 de julio.

Las bases completas están en el afiche.

19.6.07

Testimonio de Guillermo

BS'D

Reproducimos la entrevista entera de Guillermo Altmann.

Partes de este testimonio están en el documental "¿Para qué sirve ser judío?"

Para ver el documental hacé clic acá:
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21.5.07

Pregunta

BS’D

El la página serjudio.com el profesor Yehuda Ribco publica la siguiente pregunta y su correspondiente respuesta.

hi Yehuda
Quería saber por qué los baalei teshuva tienen pensamientos molestos, especialmente al principio de su teshuva? pensamientos como de contra todo lo que se aprende, la unidad de H-, la entrega de la Torá en Sinai y cosas asi?
Tiene que ver con su miedo a pecar o a hacer algo mal?
Espero tu respuesta
Thanx de antemano
orah

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Shalom, “¡Bendito el que viene en el nombre del Eterno!” (Tehilim / Salmos 118:26).
Bienvenida y gracias por enviarnos su interesante misiva. Para responder a esto tenemos que comprender que hay diversos tipos de “pensamiento”.

Trataré de ser breve, conciso y esquemático en un tema que es muy complejo.
Como sabemos el ser humano está formado por cinco planos: físico, emocional, social, intelectual y espiritual.

Existen cinco tipos (básicos, sin mixturas) de pensamiento, que son acordes a como reciben su energía, orientación y contenido de cada uno de estos planos.
Pensamientos enraizados en el plano físico. Básicamente se manifiestan como: recuerdos automáticos; ideas “instintivas”; sentimientos (pensamientos primitivos o infantiles); mecanismos de supervivencia.

Pensamientos enraizados en el plano emocional. Básicamente se manifiestan como: imaginación, reproches, burlas; manipulaciones emocionales; lapsus; olvidos; deseos; recuerdos reprimidos que surgen como síntomas; fantasía; excusas; automatismos; fanatismos; religiosidad; sugestiones; ensoñaciones.

Pensamientos enraizados en el plano social.
Básicamente se manifiestan como: lemas; consignas; parafraseo; repetición de dichos ajenos; formulismos; juicios; justificaciones; referencias.

Pensamientos enraizados en el plano intelectual.
Básicamente se manifiestan como: lógica; razón; cálculos; análisis; creatividad.

Pensamientos enraizados en el plano espiritual. Básicamente se manifiestan como: inspiraciones divinas; confianza a toda prueba en el Eterno y Su Torá; premoniciones; conciencia de la unicidad de la humanidad; sentir la Presencia del Eterno en todo momento y lugar; hacer de la Divina Voluntad la propia voluntad.

Si comprende lo que estoy expresando aquí, admitirá junto conmigo que la mayoría del tiempo nos estamos moviendo con pensamientos que parten del plano emocional y se centran en aspectos emocionales.

Cuando un Baal Teshuvá comienza su viaje de retorno a la senda de la corrección (Torá y mitzvot), necesariamente debe irse despojando de las pesadas piedras que porta en su mochila, para ir adquiriendo nuevos rasgos, más elevados y trascendentes, de plenitud y desarrollo espiritual (y de los otros cuatro planos también). Pero, estará habituado a pensar emocionalmente, a usar razones del corazón, a dejarse llevar por sus entrañas (o la moda, o sus ocurrencias) más que por las reglas celestiales.

No podemos esperar otra cosa, por tanto, lo bueno y aconsejable no es plantarse con severidad de juez para denunciar y sentenciar negativamente esto, sino dar una mano, acompañar el proceso, motivar positivamente, guiar hacia la buena Luz.
De a poco el Baal Teshuvá irá desarrollándose, creciendo, apaciguando sus planos inferiores para que predomine su plano espiritual.

En ese momento, cuando el Baal Teshuvá esté afianzado en el camino, su plano emocional seguirá existiendo, continuará deseando, propondrá cosas prohibidas o absurdas, pero estará dominado y será canalizada su poderosa energía hacia obras de edificación.

Por supuesto que esté proceso de crecimiento, este trepar por sobre los obstáculos, son esfuerzos que van depurando el espíritu de la persona, brindándole posibilidades de irse desprendiendo de las pesadas rocas en su mochila pasada. Son oportunidades para crecer, para aquel que está confiado en el Eterno y se ha comprometido con responsabilidad en andar la senda de la corrección.
¿Está claro?
Siento quizás no he sido muy claro, por lo que aguardo vuestros comentarios constructivos; relatos de experiencias propias de Teshuvá; etc.
Si le quedan dudas pertinentes, hágalas llegar.
Iebarejejá H’ - Dios te bendiga, y que sepamos construir Shalom.

12.4.07

De Feminismo a Jasidismo

BS’D
Reproducimos un artículo publicado en la página de Tora.org.ar extraído de la Revista Jabad Magazine.

De haber sabido yo que la decisión de observar el kasher y el Shabat en 1971 eventualmente me conduciría, muchos años después, a caminar por el populoso barrio judío neoyorquino de Brooklyn con una peluca y ropa modesta, podría haberme sentido demasiado paralizada como para cumplir la primera mitzvá.

Allí estaba yo, con 19 años y emocionada por ser una estudiante universitaria en Boston, explorando todos los "ismos" de la época: pacifismo, socialismo, vegetarianismo, meditación, feminismo, misticismo y judaísmo.

Mi involucración con el judaísmo de la Torá se produjo a través de una parienta observante, una mujer de 50 años que me acogió en su hogar como una hija adoptiva. Era una refugiada europea al igual que mi padre, capaz de llenar espacios en blanco sobre aquel desvanecido mundo que yo anhelaba comprender.
Particularmente dentro del marco de su estilo de vida, me describió mucho: "Esta es la tonada que tu abuelo cantaba para el Birkat HaMazón, la Bendición Después de las Comidas. Ahora estás mezclando la tarta que tu abuela horneaba para Shabat. Estas tazas de te fueron un regalo que me hizo tu tía que murió en Auschwitz". No era una intelectual ni tampoco tuvo educación judía formal alguna, por lo que no podría responder mis "porqués" sobre el cumplimiento de las mitzvot, pero las cumplía todas con una exigente alegría vivaz. También sabía hablar un poco, en su manera tan práctica, de su relación con Di-s. Obviamente no tenía cuentas pendientes con esa relación, y trató de convencerme de que no había razón para preocuparse. Pero el misticismo y la espiritualidad judía que tanto me interesaban no eran parte de su vocabulario; no los irradiaba ni analizaba. Así, no podría darme algo de la información clave que yo requería, y no me quedó otro remedio que trabajar en esos temas a mi manera. Por suerte, me aceptó exactamente tal como yo era en cada etapa.

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Mi compromiso con la Torá se produjo después de que muchas preguntas básicas acerca de la observancia y el estilo de vida judíos habían sido respondidas. Hubo un momento en el que, con una Biblia Inglesa abierta en Exodo 20 (la plegaria de Shemá), tuve una experiencia interior abrumadora. Kabalat ol, la aceptación del Yugo Celestial, es quizás la descripción más correcta. Uno podría llamarlo un brinco de fe, pero después me encontré caminando no en medio sobre las nubes, sino sobre suelo muy sólido. Me comprometí a la observancia del Shabat y el kashrut y estaba decidida a eventualmente observar también el resto de las mitzvot. Pasaron realmente meses y años antes de que tuviera el conocimiento intelectual y la disposición emocional para asumir muchas otras mitzvot. También se me había advertido que cuidara de no hacer mucho demasiado rápido, pues otros habían tomado aparentemente esa ruta y luego abandonaron su observancia.

En 1971 el feminismo era un tema candente y novedoso en la ciudad universitaria. Las presentes en mis primeras reuniones del Movimiento de Liberación Femenina incluyeron a una editora del original Our Bodies, Ourselves ("Nuestros Cuerpos, Nosotras Mismas") y una mujer que luego terminaría en la lista de los Diez Más Buscados por la FBI por asesinato y asalto bancario, ejecutado en aras de "la revolución". Yo pertenecía a un círculo literario de mujeres que leía y analizaba literatura feminista. Estudié poesía y recibí consejo personal de la poetisa feminista Adrienne Rich. Llegué a encontrar intimidatorio y hasta desagradable el feminismo radical porque prescribía demasiado odio a los hombres.
Yo no odiaba a los hombres; simplemente me encolerizaba cada vez que ellos parecían conseguir mejores tratos que las mujeres. Un día una amiga me dijo: "Tú estás interesada en el judaísmo y también en el feminismo. ¿Por qué no explorar los dos juntos?"

Mi deseo de establecer un minián (quórum para las plegarias, tradicionalmente compuesto por varones) de mujeres resultó a partir de intensas dudas y frustración espirituales acerca de la condición de la mujer judía, basada principalmente en mi experiencia sinagogal.

En esa época, rezar en hebreo era difícil, especialmente para quien había aprendido poco más que el alfabeto hebreo en la Escuela Dominical Reformista. Tratar concomitantemente de rezar en, y comprender, hebreo, era incluso más difícil. Tratar de hacer malabares con todo esto y tener una experiencia espiritual en la sección de las mujeres de una sinagoga tradicional me ocasionó terribles problemas. Cuando todos cantaban espiritualizados al unísono, me las arreglaba bien. Pero usualmente sentía un incómodo silencio, especialmente entre las mujeres. Anhelé buena concentración, calidez y apertura durante la plegaria, de mí y de otros. En cambio, enfrentaba furtivos cuchicheos de las palabras de las plegarias. Comúnmente hacia el fin del servicio la atmósfera se caldeaba un poco, pero entonces, demasiado pronto, era hora de irse.

Me preguntaba por qué estas mujeres, que decían las mismas palabras que los hombres, parecían, en mi percepción, carentes de algo en sus propias expectativas respecto de una relación personal con Di-s. Se me había dicho que las mujeres no eran ciudadanos de segunda clase, pero ¿como podía yo no comenzar a tener dudas cuando tantas mujeres se comportan como si pensaran que quizás lo fueran? Mi pariente ortodoxa no actuaba como un ciudadano de segunda clase, pero tampoco intelectualizaba, de modo que pensé que quizás algo le tapaba los ojos sin que ella lo supiera o le importara. ¿Si Di-s había creado un sistema en el que yo era un ciudadano de segunda clase, podría confiar en El lo suficiente como para tener una cercana relación personal?
Por otra parte, ¿qué pasaba con las ocasiones en que sí tuve experiencias espirituales positivas, las que ciertamente ocurrieron sin que yo tuviera pensamientos de feminismo?

El tema estaba cargado de paradojas, y yo me sentía confundida. Precisamente cuando precisaba un impulso espiritual, encontraba frustración. De modo que continué rezando en una sinagoga tradicional, buscando entretanto alternativas. Una visita a un grupo llamado javurá me desilusionó a causa de la falta de consistencia en el compromiso judío de sus miembros. Una práctica más intensiva de meditación sirvió temporalmente como salida espiritual satisfactoria, pero no creí que alguna vez pudiera transformarlo en una positiva experiencia judía ritual de grupo.

La idea de establecer el primer minián de mujeres en los Estados Unidos (a mi saber) echó raíces en mi mente a fines de 1971 durante una conferencia en el Hilel de Harvard por un "rabino" conservador. Unos diez días después, nació nuestro "Minián Femenino", con la asistencia de siete mujeres. Nuestros comienzos fueron tenues; todas parecían nerviosas. Yo estaba frustrada, pero continuamos con el grupo, encontrándonos cada dos semanas y realizando jornadas de estudio de Torá juntas de vez en cuando. Fui estimulada por una de mis profesoras, la desaparecida Dra. Pauli Murray, una abogada que se autonominó la primera mujer negra en la Corte Suprema de Justicia a comienzos de 1970, y luego pasó a formar parte del clero cristiano. Ella me instó a guardar un registro del progreso del grupo. No creo que jamás hubo realmente progreso alguno, a pesar que mujeres de otros lugares se contagiaron de la idea y establecieron grupos similares.

No perdí las esperanzas, y nuestro "minián" continuó por el siguiente año y medio hasta que me gradué. Razoné que otras mitzvot me habían hecho sentir torpe e incómoda al principio y luego se habían vuelto una segunda naturaleza; guardaba las esperanzas de que eventualmente experimentaría también a nuestro grupo de esa manera. Sin embargo, nunca encontré satisfacción espiritual en nuestro "minián" o cualquiera de los demás grupos femeninos de plegaria a los que asistí esporádicamente en el curso de los siguientes seis años.

No todos en el "minián" lo veían como yo. La estudiante que recluté para ser co-fundadora del "Minián Femenino" se fue para volverse una "rabai" reformista y llegó a los titulares hace pocos años como la primer miembro femenina de la Asamblea Rabínica, la organización rabínica del movimiento conservador. De hecho, le ayudé a componer una carta en 1972 al canciller del Seminario Teológico Judío pidiendo una aplicación para la escuela rabínica conservadora. Mientras jugueteaba con la idea de volverme Rabino, tuve que rechazarla porque sabía que la verdad que buscaba tenía que encontrarse en alguna parte dentro del judaísmo tradicional. El instinto me dijo que encontrarlo involucraría una búsqueda, y yo estaba dispuesta a una larga si era necesario, pero no del tipo de batalla que libraba mi amiga.

Preocupada por perderme experiencias espirituales importantes, hice otras clases de experimentos feministas judíos al mismo tiempo. Confeccioné mi propio talit, en colores pastel hermosos, aprendiendo de un hombre cómo atar los tzitzít. También creé una muy femenina banda para la cabeza que vestí durante dos años. Pensé que vestir el talit me ayudaría a acallar las distracciones externas, y a veces así fue. Sin embargo, el talit indujo otras distracciones interiores mayores: el hecho de que yo sabía que muchos pares de ojos estaban puestos sobre mí, y el hecho de que muy en lo profundo a veces disfrutaba de la atención y notoriedad que mi comportamiento producía. Mis móviles básicos iniciales eran bastantes sinceros. Pero cualquier altura espiritual que experimenté comenzó a nublarse por la conciencia de semejante falsedad en la raíz de la motivación.

Una vez me puse tefilín. Su dueña me los pidió de vuelta después de diez minutos; en ese momento no quise sacármelos. Sabía que podría tener algunas increíbles mediaciones teniéndolos puestos. Pero también me desbordó el inmenso temor y sensación de que los tefilín eran demasiado santos para vestirlos si había siquiera un ápice de un viaje ególatra involucrado, especialmente si no había mitzvá --y sí algunas prohibiciones-- de que los vistiera.

También me sentí un poco perdida por no poder acercarme a la Torá física, para mirar sobre el hombro del baal koré (el Lector) mientras leía en alta voz, o por ser yo misma el baal koré. De modo que aprendí el trop (la entonación) de la Torá, la Haftará y el Cantar de los Cantares. Había cierta emoción en leer de la Torá, y me ayudó mucho a seguir la Lectura en la sinagoga así como también en mi aprendizaje personal, pero el estudio y la memorización de cada Sección Semanal me resultó difícil y extenuante. Con el tiempo, también llegué a sospechar que un gran porcentaje de la emoción era producto del ego.

Mirando atrás, creo que mis férreos principios feministas llegaron a ser una pesada carga en cierto momento, impidiéndome intentar nuevas mitzvot o ahondar más profundamente en una ya familiar. También me impidieron encontrarme con el tipo de gente que precisaba conocer a fin de ganar el conocimiento que añoraba.
Una experiencia transicional clave entre feminismo y jasidismo ocurrió en 1974. Pasé ese año escolar después de la graduación universitaria en Jerusalén, estudiando Torá --principalmente Talmud-- en hebreo, en un esfuerzo por obtener las habilidades necesarias para el estudio independiente de los textos. Un grupo de norteamericanos solía estudiar jasidut una noche por semana con un Rabino jasídico en Meá Shearím. Si tenía una dirección, no la conocíamos; sólo sabíamos qué callejones recorrer, qué patios cruzar. No hablaba inglés y enseñaba serena y pacientemente en el hebreo más simple. Una cálida noche una amiga y yo nos quedamos después de la clase para hacer preguntas. Su esposa apareció con un vaso de agua que me entregó con una sonrisa. Repentinamente quedé remachada al piso. Había algo intensamente espiritual en la manera en que esa mujer me dio el vaso de agua. No quise irme. Quería sujetarla, estremecerla y rogarle que me contara cuál era el secreto, para decirle que había esperado este momento hacía años y tenía que comprender. Pero no puede. Me pareció que las barreras del lenguaje y la cultura eran demasiado extensas siquiera para intentarlo. Así, me fui a casa esa noche y, sin comprender por qué, guardé cuidadosamente mi talit en un viejo arcón. Hoy, la razón es clara: ya no podía afrontar más el lujo de alejar a mujeres observantes de la Torá y jasídicas que podrían sostener las llaves de la puertas cerradas que yo deseaba abrir
Quizás la mujer era un místico. O quizás cambió mi vida con una muy fuerte kavaná (concentración e intención positiva) al realizar la mitzvá de hajnasat orjím, servir a invitados.

Otro incidente cambió mucho mi actitud hacia el estudio de la Torá. Yo no fui bendecida con la "cabeza" analítica de la Guemará que mejor absorbe el Talmud. Sin embargo, estaba decidida --de nuevo, parcialmente por el principio feminista de no perderme nada-- a mantener un progresivo estudio de éste. Había recogido la actitud, de un número de hombres supuestamente doctos, que las demás partes de la Torá eran de algún modo pobres en comparación con "el mar del Talmud" y que nadie podría lograr nivel respetable alguno de conocimiento de la Torá sin dominarlo, mucho menos obtener sabiduría.

Después de ese año en Israel, me mudé a Nueva York donde encontré un maestro genial que enseñaba Talmud a mujeres todas las noches de la semana. Un grupo pequeño dedicaba tanto como seis horas a la semana estudiando el Tratado de Berajot (Bendiciones) beamkut, lenta e intensivamente. A nuestro maestro le encantaba buscar dentro de las discusiones generalizaciones más profundas. Lo recuerdo dedicando varias semanas a una breve párrafo tratando de comprender la naturaleza de una bendición, y su excitación sobre su conclusión. Una bendición, encontró, es como el principio económico de la bomba de carga (mi analogía) en la que nosotros abrimos las compuertas del Cielo para que Di-s nos pueda conceder Sus bendiciones.

Varios años después, apenas antes de mudarme a Crown Heights, el barrio de Lubavitch en Nueva York, asistí al Instituto Femenino Beit Janá en Minnesota. Poco después de mi llegada fuimos a lavarnos las manos para el pan antes del almuerzo. Una joven mujer, por propia iniciativa, nos ayudó a todas a lavarnos, pues la mayoría eran principiantes en la observancia. Ella misma era obviamente bastante nueva. Mientras esperábamos, no puede menos que esforzar mis orejas mientras explicaba a otra mujer el propósito de la bendición: "El jasidut dice...". ¿Le gustaría al lector adivinar el resto? Este no era un caso donde, como tan frecuentemente sucede, alguien cita accidentalmente una fuente errada, pues mi maestro había trabajado durante semanas para producir una explicación original. De una manera para nada característica en mí, vi a la joven como un mensajero de Di-s. Nunca más me esforcé por principio a estudiar Talmud. Hoy abriré un volumen del Talmud si tengo una razón específica, pero mi estudio básico diario de Torá se centra en otras obras.

Quizás el verdadero proceso interior de mi transición fuera del feminismo resulte más claro con la pugna por el tema de la mejitzá, la cortina que separa a hombres de mujeres. Nunca había luchado contra la noción de mejitzá, pero tampoco había creído realmente en las explicaciones que había recibido. Acepté la mejitzá porque era parte del paquete de la Torá, pero durante muchos años mi mente no estaba en paz con ello.
Vísperas de Iom Kipur, alrededor de 1980. Hombres y mujeres estaban apiñados por igual en la Sede Central Mundial de Lubavitch para Kol Nidré, algo así como pasajeros en un autobús de Jerusalén durante la hora de mayor afluencia. El baal tefilá (conductor del servicio) tomó su lugar para comenzar. Aguardaba una inspiradora voz, una melodía penetrante que me arrastrara al ánimo de la Festividad. En cambio, un hombre con una voz ordinaria comenzó las plegarias con una melodía sin tono y luego estalló en lo que parecían ser sollozos sinceros.

Sonaba ridículo. Me molestó. Un instante después, con toda honestidad, me vi forzada a redefinir mi emoción como terror. No tenía inspiración, ninguna melodía tras la cual ocultarme. El baal tefilá no iba a elevarme a ninguna altura espiritual.
De pronto me di cuenta. Aquí había un hombre conduciendo las plegarias para miles de judíos, incluyendo a nada menos que al Lubavitcher Rebe, y con todo estaba en cualquier cosa menos en un viaje de ego. Esto significaba que absolutamente nada me faltaba del otro lado de la mejitzá. En ese momento, la mejitzá cayó figurativa y estrepitosamente abajo de una vez por todas, enseñándome de qué se trataba desde un comienzo. Había sentimientos contradictorios involucrados: por un lado, la preocupación de que de algún modo Di-s estaba presente sólo del otro lado de esa cortina divisoria, y por el otro, un miedo de que si no lo estaba, yo no sería capaz de encarar el enfrentamiento. De alguna forma hubiera sido más fácil ocultarme detrás de mi enfado. Ahora la realidad era clara, simplemente tendría que ser yo y Di-s; yo enfrentando mi verdadero ser frente a Di-s.

No fui capaz de abandonar el minián femenino, el talit, y el resto --ni estaba interesada en hacerlo-- hasta que otros recursos espirituales tomaran su lugar. Un factor crucial en el proceso de cambio fue el estudio de jasidut. Parte de lo que me ayudó a confiar en el sistema fue encontrarme con que jasidut está repleto de alegorías femeninas. El tema sería interesante e inspirador por sí mismo, pero está más allá del alcance de este artículo.

No encontré accesible al jasidismo Jabad sino cuando estaba viviendo en Crown Heights y asistí a clases, sinagogas locales donde tenía modelos para la concentración apropiada durante la plegaria, y los Farbrenguens (reuniones jasídicas) con el Rebe. Con una profundización del estudio y la observancia de mitzvot se ha producido una incrementada conciencia de aquello que era superficial en el pasado y un deseo natural de rechazarlo. En consecuencia, el cambio ha sucedido principalmente gradualmente, como abandonar ropas en las que ya no se entra ni se necesitan.
Supongo que habré entrado a mis experimentaciones judías feministas con el alma de un niño inocente. Por un lado había una amplia franqueza, belleza y sorpresa, que perduran como una refrescante fuente de inspiración cuando recuerdo los días iniciales de observancia. Por otra parte, había una pasividad, como si las experiencias espirituales importantes deberían conferirse sobre mí desde Arriba simplemente en virtud de, digamos, vestir ciertos atavíos. Solía asumir que Di-s proveía toda clase de diversiones placenteras a los hombres mientras ejecutaban sus mitzvot particulares. La experiencia de primera mano, el estudio de la Torá y los debates con hombres me llevaron a la conclusión de que no era probable que los hombres estuvieran recibiendo "golosinas gratis" más que yo.

Con el tiempo se sucedieron cambios graduales en las irrealistas, y en consecuencia no satisfactorias, expectativas iniciales. Había una aceptación de mi responsabilidad no solamente de cumplir mis requerimientos en la observancia de las mitzvot, sino en infundir energía y entusiasmo en cada mitzvá. Originalmente yo había exigido que mis modelos --incluyendo a todas esas mujeres detrás de la mejitzá-- fueran perfectos.

Cuando dejé de esperar tanto de mis compañeras judías mujeres y había ganado suficiente confianza en mí misma para darme cuenta de que quizás yo debía intentar ser un ejemplo para ellas, las plegarias y demás mitzvot fluyeron más fácilmente.

Es imposible minimizar la importancia de tener modelos varones. Me he encontrado con dínamos humanos, que creo están entre las Boinas Verdes espirituales del pueblo judío. Ellos tienen los defectos de todos los mortales, pero su maximización del potencial es pasmoso. Durante mis tempranos años feministas las alabanzas de la mujer judía en la literatura de la Torá habían sonado como tantas otras perogrulladas: "Un entendimiento superior se ha concedido a las mujeres", "Una mujer de valor, ¿quién puede encontrar?", etc. Al encontrar mujeres que ejemplificaban estos versículos, mis enfoques tuvieron que cambiar radicalmente. Lo que es más, cuando me casé e inicié una familia comencé a apreciar que la fortaleza espiritual, el mesirut néfesh --la total entrega de lo mejor de uno mismo-- con que la Torá desafía a la mujer judía no es nada menos que la forma más suprema de práctica mística que podría haber imaginado alguna vez, tan diferente en forma como podría parecer ser superficialmente a veces.

Creo haber cerrado el círculo en tratar de vivir a la altura de los modelos femeninos de Meá Shearím y la pariente que en primer lugar me inspiró con su regocijo en las mitzvot.

Estoy agradecida de estar conectada a una comunidad donde, hablando espiritualmente, las calles están pavimentadas con oro. ¿De hecho, quién sabe? De haber estados mis ojos abiertos todos esos años para ver ese oro, cumplir la primera mitzvá podría no haber resultado paralizante en absoluto.

Por Mickey Hirshberg

19.3.07

Testimonio de Analía

BS'D
Luego de ver el testimonio de Analía una persona le hizo el siguiente comentario:

“Me encantó el testimonio de Analía. Me gustaría saber más sobre qué cambió en la vida de ella. Trabaja? Sigue siendo amiga de sus amigos de facultad y trabajo laicos? Logra mantener espacios con quienes antes compartía actividades que ya no realiza?”



Este es la respuesta de Analía:

La verdad es que mucho cambió en mi vida, sobre todo porque mi “teshuvá” tuvo que ver con el nacimiento de mis hijos. Con el replanteo de qué valores y por qué.

Con respecto a lo profesional, quedó un poco en segundo plano, ya que pensaba que como mujer, por sobre todo profesional, primero mi trabajo y después mi familia se iría adaptando. La realidad me demostró que había comprado el modelo equivocado.

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Disfruto de ver a mis hijos crecer y de acompañarlos. Por lo tanto trabajo poco. Cuando todos están en el colegio o cuando puedo organizarme para hacerlo.

Siempre me sentí muy cómoda y aceptada en ambientes laicos, por eso mi “teshuva” no tuvo que ver con la discriminación, ni porque buscaba un ambiente judío.

Con respecto a los amigos, nos fuimos alejando. No necesariamente porque me “volví religiosa”. Con muchas amigas nos encontramos cada tanto a tomar un cafecito y a ponernos al tanto de nuestras vidas y seguimos teniendo la misma confianza de siempre aunque sea pocas veces al año.

Pero la verdad es que todos eligen que camino seguir, no sólo yo.
Mientras algunos se fueron a vivir a un country y mandan a sus hijos a colegios ingleses y otros no formaron familias y sus círculos, salidas y conversaciones tienen más que ver con el trabajo. Por lo tanto uno deja de tener cosas en común.

No me parece que volverme más observante tiene que ver con el alejarse, sino el crecimiento personal hace que todos vayamos cambiando.

3.3.07

La historia de Matías

BS'D
Matías es Publicista está casado y tiene 2 hijas.
En este testimonio cuenta por qué se acercó a la Torá y qué lo motivo a hacerse el Brit Milá de adulto.

Partes de este testimonio están en el documental "Para qué sirve ser judío". Si querés ver el documental hacé clik acá.

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