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28.9.09

Madre Judía

BS’D
Reproducimos un artículo muy interesante publicado en la revista online de la página www.bebeabordo.com.ar

Otra manera de vivirlo
¿Quiénes son esas mujeres que andan por ahí?
Esas que se visten "raro" con polleras tan largas y pañuelos en la cabeza o sombreros o pelucas de cabellos lacios.
¿Todos esos niños que van a su alrededor, son suyos?
Parecen estar detenidas en el tiempo, tener otro ritmo en medio de una cultura que a las claras se mueve en distinta frecuencia y con distintos hábitos.

Son madres judías, que respetan en forma ortodoxa los preceptos de la Torá.
Nos adentramos, con permiso, en la intimidad de una de sus casas. Los invitamos a compartir esta diferente manera, de ser madres hoy.

Bettina
Podría llamarse Sarah, o Cinthya o Judith; podría vivir en la Argentina como vive, o estar en cualquier otro país del mundo, podría haber sido una mujer judía más, como las otras, sin embargo, en busca de descubrir las peculiaridades de la vida Ortodoxa Judía, nos encontramos con Bettina y con una historia de amor, una historia fuerte, intensa, emocionante.
Todo lo contrario a lo que de lejos podríamos imaginar, porque sus ropas no resultan atractivas, porque sus modos son tan cuidados, que pueden no parecer divertidos, porque su realidad, ocho hijos en su vida, podría resultarnos una amenaza contra la libertad, contra la autorrealización, contra su singularidad femenina.

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Sin embargo, y con la intención de buscar testimonio fidedigno, real, personal, fui yo la primera sorprendida.
En esa casa se respiraba alegría, felicidad, vitalidad.
Y el cuidado por el cumplimiento de ciertas pautas que se notaba, flotaba en el aire, por el orden la pulcritud y la armonía que reinaba, no parecía atentar contra una buena vida, sino al contrario, propiciarla.

Es extraño descubrir, y es esto lo que quiero des-cubrirles, que hay otras maneras de pasar por este mundo, que hay muchos caminos para alcanzar estados parecidos, que hay -y qué bueno que así sea!!!- muchas formas de alcanzar la plenitud.
Bettina estaba visiblemente entusiasmada, había aceptado mi entrevista con agrado, con mucha generocidad desde el primer contacto.

Entendió claramente nuestro objetivo, en este número especial sobre madres queríamos contar y difundir, tamizado por nuestra mirada, pero sin tomar una postura cuestionadora, casi se ve en las fotos, solo mostrar, lo que es, lo que viven, lo que pasa en esos hogares especiales, donde el tiempo está regido por dos relojes, los ciclos internos de la mujer, y las obligaciones religiosas del varón, sus horarios, sus rezos, su tiempo armado desde la doctrina, para que no puedan olvidar su finitud, sus mandatos, su sentido en esta tierra. Lo primero que hizo fue decirme "Bienvenida", y es una buena palabra, que abre en vez de cerrar , que suma en vez de restar, que acerca. Fue mágico su saludo, distendido, cálido, me ofreció algo de tomar.

Así nos sentamos en un sillón muy grande en un living espacioso, tranquilo, simple, con una mesa que para cualquiera podría resultar gigante, pero sin ostentaciones.
Me empezó a contar de ella y de Moshe, su esposo, Rabino, de su amor desde el primer día en que se vieron, su pasaje a la practica estricta de la religión, y su decisión de seguirlo.

No fue fácil, no siempre las familias y los amigos, entienden estas posturas extremas, no siempre aceptan con agrado cuando es algo tan diferente a lo conocido, lo que alguno de sus miembros va a emprender.
Ahí llegaron las nuevas ropas, el recato, la pureza, el kasher.
Me habló del matrimonio y la vida en Israel por once años, de los estudios del marido, de su abocarse de pleno a la maternidad sus cinco primeros hijos allá, el esfuerzo por integrarse, tan jóvenes y solos de parientes, y el regreso al país donde serían padres de los otros tres.

Elisheva, Eliahu, Uziel, Iejiel, Smadar, Hilá, Hadás y David aparecieron pero ya estaban, en el corazón de Bettina estuvieron siempre, eran parte del sueño que ella describió como: "Toda la vida quise una casa con ocho hijos y olor a torta de chocolate".
-Qué funda toda esta práctica?-le pregunté.
-La idea es cumplir la Torá.
-Hay una sola manera de cumplirla?
-La verdad es una -me dijo sin dudarlo.
-Pero no puede haber diferentes maneras de interpretarla? ¬Me animé a interrogar otra vez sobre el mismo punto.
-Puede haber, pero sigue siendo una.
Tanta certeza puede resultar abrumadora, pero en un mundo de tantas incoherencias, de tantos vaivenes emocionales, de tanta desolación hasta -al menos por un instante- puede resultar envidiable.
Cómo sabía Bettina con tanta seguridad ¬pensé- que era tan cierto todo aquello en lo que creía.

Todo aquello que estaba allí, como si los secretos de la vida pudieran estar reunidos de una vez y para siempre en unas escrituras.
Cualquiera dudaría
Pero inmediatamente pensaba, cómo podemos los otros saber que no, que Bettina no está en lo cierto, con qué argumentos enfrentar su sabiduría, con qué sentido; los que buscamos de otros modos, los que no creen en nada, los que respetan a medias, los que se revelan a la más mínima restricción, cómo saber que todo esto no puede ser una buena manera de vivir, una buena manera de fundar una familia y de favorecer su desarrollo.

Por lo tanto, ante la dificultad de responder, y ante tal vez la innecesariedad de responder, me dediqué a escuchar, a mirar, a conocer ante la amabilidad de cada uno de sus integrantes, a una familia que si bien era diferente a la mayoría de las que conozco, era igual esencialmente, a la mayoría de las que conozco.
Ella como mamá quería lo mismo que yo, que otras mujeres que puedan llamarse María, Florencia, Pilar, Rosario o de otras formas, la felicidad de sus hijos, el cuidado de su salud, su bienestar, su formación, la transmisión de una escala de valores que sea de verdad valiosa en fin esencialmente iguales, pese a las obvias diferencias.

Bettina me atendió con un pañuelo que casi no permitìa asomar el pelo, una pollera muy larga, botas -aunque hacía calor- una remera sobre otra remera que no le dejaba ver los brazos del codo hacia arriba, y una sonrisa que no le abandonó nunca su cara, y una paz que sería difícil de encontrar en cualquier otra mujer con ocho chicos por bañar, una fiesta por iniciar, gente por venir.

Era justo un rato antes del inicio de Shabat, y comienzo de la fiesta de Zucot, esto implicaba un ritmo acelerado, mi visita se había sumado a esas rutinas que no podían esperar, había que dejar todo limpio, ya que por unos días no se podría lavar, había que terminar con los últimos llamados, dado que el teléfono no iba a ser atendido hasta el domingo por la noche, había que darles a todos los chicos la ropa correcta para el participar de las ceremonias.

Una señora ayudaba en algunos quehaceres, pero la mamá era la que asiganaba las tareas, los chicos , también con alegría -una alegría poco común en otros niños- acataban, iban y volvían bañados y con sus trajecitos, poniéndose sus zapatos, o preguntando qué botas voy a usar, o mostrándome las nenas, con timidez -pero no sin coquetería- sus hermosos peinados.

Había olor a fiesta, rumores, ajetreo calmo, luego vería en otro rincón de la casa todo preparado en la Suca -como si fuera para un cumpleaños con guirnaldas de colores - para iniciar la festividad; el papá Moshe, también andaba por ahí recién vestido, buscando su sombrero, antes de la foto que accedió a tomarse, preparando con los otros varones una especie de juncos y unas velas, que luego sabría, jugarían un papel importante en los rituales que iban a realizar.
Nadie parecía aburrido, ni hacían nada con tedio, el entusiasmo se huele y se contagia como la adrenalina, ahí había entusiasmo, raro de pensar, sin tele, sin computadoras sin conecciones a Internet.

Imaginé que nadie podría creerme si les contaba esto en el siglo XXI, tan dependientes como estamos de maravillosos medios, que se transformaron en tristes fines.
Ese entusiasmo que no viene de afuera, de dónde viene?

Ser judía ortodoxa
Ser judía, al decir de Bettina, fue siempre algo importante para ella, siempre fue motivo de orgullo.
Yo le pregunté:
-Ser judía, era para vos no ser otra cosa, una condición que se definía por oposición?
-Ser judía es ser judía, me respondió, no es opuesto a nada, es lo que soy.
-Y qué implica como responsabilidad en esta práctica tan estricta?
-El hombre es la cabeza de la casa y la mujer no es por eso menos que él, simplemente entre ambos conducen la familia, aunque es la mujer la que dice hacia dónde se va, la que organiza, la que marca el camino.
La mujer es como el cuello que articula esa cabeza con el cuerpo.
Los dos son importantes.

Eso se percibía no había lo uno sin lo otro, y ahí volvía a aprecer esta sensación de amor incondicional, de historia juntos.
Ser una mamá judía ortodoxa en realidad suma el trabajo cotidiano y directo con los hijos a sus obligaciones con los preceptos y con su esposo, es un poco de más empeño, ocuparse de la crianza y a la vez de mantener el fuego del hogar en base al respeto de las tradiciones, algunas pequeñas y diarias, otras más complejas y que involucran a la vida misma.

Betina me prestó un libro* y en ese libro explica claramente siempre sin escribir entera la palabra DIOS, también como otra señal de respeto:
"Dios creó al hombre y a la mujer con características diferentes,.La Torá subraya la importancia de mantener estas diferencias a través de leyes que se aplican en forma distinta para el hombre y la mujer.
Por ejemplo, le es prohibido al hombre vestir ropa de mujer o tomar cualquier actitud femenina y viceversa.
En general el judaísmo enfatiza mantener las diferencias en lugar de reducirlas.
Cada creación contiene un mensaje espiritual que enseñar.
Y esta no puede transmitir este mensaje cuando sus características son socavadas o anuladas".

Pollera o pantalón?
Así entendemos muchas cosas que veíamos... cuando estas personas "raras?" pasaban, que las mujeres judías ortodoxas no puedan llevar pantalones, o que los hombres vistan trajes bien claramente masculinos y se distingan tan a lo lejos de los otros.
Vestirse sobre todo para no estar desnudos, no siguiendo los designios de la moda.
Pañuelos o pelucas
-Por qué taparse el pelo, qué quiere decir, le pregunté, porque sabía que es llamativo para muchos.
-Estar con el cabello al descubierto sería como estar desnuda, por un lado es símbolo de mostrarse atractiva hacia los varones, lo cual está solo reservado al padre de los hijos, y por otro también una falta de modestia ante la superioridad de Dios.
Cubrirse es siempre recordar que hay algo superior, algo más allá.
Las que captaron este mensaje y lo hicieron propio, ya no están ni en sus casas con la cabeza sin cubrir, ni ante otras mujeres.
Para nuestro hombre "Todo" , me dijo en reiterados momentos de la charla.
-En la intimidad del cuarto no hay restricciones, en los días blancos claro...
Días blancos?
-El contacto sexual, sensual, o en realidad cualquier otro tipo de contacto esta vedado en los días de la menstruación, y en los siete días posteriores al mismo.
Durante el período las camas se separan, la mujer no debe abandonar el cuarto, no puede ni rozarse con el varón, en esos días no hay beso ni caricia, ni siquiera le alcanza una mujer a su esposo un plato con comida con sus manos o le sirve agua.
Parece raro pero está pensado desde muchos lugares, por un lado el escapar a lo que se piensa como impuro, la sangre en este caso, y por otro fomentar otros tipos de contacto como el hablar entre ambos, que ayudarán luego a tener una mejor relación y una vejez más plena.
-Hay parejas que no han aprendido a dialogar, me dice Bettina, esta es una buena manera de mantener la atracción física por un lado, y de conocerse espiritualmente por otro.

Tal vez incluso ser padres los ha dejado lejos como pareja, esto prevee que el origen de la familia, la mujer y el varón permanezcan juntos y con deseos de hacerlo.
La mujer se prepara, sabe que además de una mamá, es una mujer que tiene un hombre que la espera.

Retomar la intimidad
Luego, no es así nada más, pasa el día y se juntan las camas y todo vuelve a la normalidad, no, en medio de eso hay otras ceremonias, la mujer vigila que realmente no haya ni una gota de sangrado pudiendo hacerlo personalmente con una tela blanca en contacto con sus genitales, que debe estar intacta, y después de los siete días blancos, a partir del último de la menstruación, debe prepararse para un baño ritual, y realizarlo fuera de su casa en instalaciones que están precisamente preparadas en la ciudad solo para ese fin.

La mujer deja de ser nidá ¬impura- y se baña de inmersión en el Mikve, otra mujer la asiste, revisa que esté limpia, sus uñas, sus dientes, que un cabello no haya caído sobre su espalda, para que todo tramo de su piel sea recorrido por este agua que no sale de cañería alguna, es de lluvia o de manantial, está a una temperatura agradable,
Puede rezar antes de tocar el agua mirando la pequeña piscina.
Parte de una oración típica es esta:
"Sea tu voluntad Señor nuestro Díos, que Tu Divina Presencia se pose entre mi esposo y yo.Y sea Tu Santo Nombre unificado a través de nosotros, y traiga un espíritu de pureza y santidad a nuestros corazones. Y sea tu voluntad que nuestra unión sea maravillosa , una verdadera unión de amor, unidad, paz y compañerismo".
Luego ya están listos para retomar su vida sexual, este período coincidiría con el de mayor fertilidad .

Miles de hijos?
La procreación no es, como se cree, el único fundamento de la unión de la pareja.
Actualmente una familia que ya tiene dos o más niños, puede decidir cuidarse con una planificación adecuada.
El uso de profilácticos no está permitido, ya que impide el contacto directo de los cuerpos, otros métodos sí pueden ser usados.
La virginidad antes del matrimonio es un valor a cuidar, no solo se evita el contacto genital sino todo tipo de expresión amorosa física, como los besos.
Se cree que es solo en el contexto del matrimonio y con la persona elegida, que esta intimidad única, casi sagrada, puede transcurrir.

Los hijos pueden elegir?
Una idea que me rondaba todo el tiempo, cuando observaba a los chicos tan seguros y animados, era hasta qué punto es "correcto" elegir esta forma de vida de tanto compromiso con una doctrina determinada, implicando a los niños, sin darle alternativa de elegir. En el Colegio se contactan solo con gente que vive del mismo modo, en el Templo lo mismo, no están informados de otras realidades por la restricción en el contacto con los medios, y eso podría parecer forzado.

Sin embargo ante mi pregunta acerca de esto, otra vez Bettina respondió con seguridad:"Por qué podría querer otra cosa sin son felices?".
Por qué, si tienen todo, han sido criados como príncipes, cuidados por mi en forma personal, atendidas todas sus necesidades , por qué podrían querer otra cosa? -volvió a preguntarse, dando vuelta para mirarlos desde lejos.
-No digo que no estén bien, pero vos misma elegiste un rumbo diferente al que tus padres te marcaron, por qué ninguno de ellos podría hacer algo parecido, casi inistí.
Pero su fortaleza volvió a sorprenderme.
-Podría pasar, accedió a admitir, pero no creo.
-Si pasara, le dije con qué los convencerías para que retomaran esta ruta?
- No los convencería, les mostraría como hago día a día, lo feliz que soy.
Apuntes para el final

Estar en esta casa fue como un viaje, por un ratito pude palpar una realidad totalmente diferente a la cotidiana, a la de las mujeres que conozco, a la de mis alumnas, a la de mis pacientes, a la mía, sin embargo fue maravillosos confirmar que tal vez -al decir de Bettina- pueda ser cierto que hay una sola verdad, pero hay muchas manera de acunarse en sus alas.
Solo por ser humanos, nos es dado volar.
Vale la pena cualquier esfuerzo por intentarlo.

Nota
Adriana Penerini

27.9.09

Los estados típicos por los que atraviesa la madre de un "baal teshuvá".

BS'D

Buena onda
- Me gusta que te conectes con tus raíces. Me parece mucho mejor esto a que estés todo el día metido en Internet.

Alerta
- Bueno, una cosa es querer saber de qué parte de Rusia venimos pero no es necesario el extremismo de no querer encender las luces en shabat.

Furia
- ¡Ahora no vas a comer la comida que hago en casa! ¿Qué tiene de malo? ¡Si te encantaban mis milanesas!

Angustia
Llorando en una reunión de amigas.
- Mi hijo se hizo religioso ultraortodoxo. ¡Quiere vivir como en la Edad Media!

Resignación
Bueno, pasame la página con el listado de productos casher.

Aceptación
- Y, por lo menos, voy a tener muchos nietos.

25.11.08

¿Tus hijos van a poder elegir?

BS'D
Uno de los miedos más grandes para nuestros familiares cuando uno se empieza a acercar a la Torá es si nuestros hijos van a tener la posibilidad de elegir libremente.

La respuesta es No. No van a poder elegir libremente.

Porque hay cosas que los hijos eligen y hay cosas que no.
Eligen qué remera ponerse, qué golosina quieren comer o el osito para irse a dormir.
Pero no eligen el barrio en el que viven, el colegio al que los mandan, el club al que van, los amigos (son una consecuencia del barrio, el colegio y el club), el tipo de comida que hay en la casa, ir al dentista, darse vacunas, los padres que tienen y el tipo de educación que van a recibir.

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Los hijos en edad escolar no toman ninguna decisión de peso. Eso es absoluta responsabilidad de los padres. Y eso pasa en cualquier casa. Judías, católicas o ateas.
Sólo cuando ellos crezca y se empiecen a independizar tomarán sus propias decisiones.
Obviamente que esas decisiones van a estar muy influenciadas por la educación que recibieron de chicos.
Pero es así como funciona la relación padre/hijo.

Padres vegetarianos le van a enseñar a sus hijos las virtudes de comer frutas, verduras y legumbre y las desventajas de comer carne, porque ellos creen que es la mejor alimentación que les pueden dar.
Los padres siempre queremos lo mejor para nuestros hijos y estamos dispuestos a hacer todo lo que está a nuestro alcance para criarlos según lo que creemos que está bien.

Los padres no somos unos déspotas que queremos imponer a nuestros hijos costumbres arcaicas que los alejen del mundo moderno.
Todos los padres queremos tener hijos felices, sanos y que puedan elegir libremente.
Y así como nuestros padres nos dieron todo lo necesario para lograr estos objetivos, así nosotros también estamos en el camino de darle a nuestros hijos lo que pensamos que es lo mejor para ellos.

Para nosotros la Torá y las Mitzvot no son una carga sino herramientas para perfeccionarnos.
Comprobamos que la Torá es para el día de hoy, que sus Mitzvot ayudan al hombre a elegir bien y que, en lugar de coartarlo, lo elevan.
Una persona que logra dominar sus pasiones es una persona libre. Sus decisiones dependen de sus pensamientos y no de sus impulsos.
Una educación que se basa en esta idea consideramos que es el mejor regalo que les podemos hacer a nuestros hijos.

Mucho más si tenemos en cuenta que una educación con Torá no es algo improvisado o un nuevo enfoque. Sino que es una educación que hace 3000 años que viene dando sus frutos. Igualmente, que nuestros hijos estén de acuerdo con la educación que les damos y que luego quieran educar a sus hijos de la misma forma ya es una decisión que está fuera de nuestro alcance.

Nosotros solamente les podemos transmitir, fundamentalmente con el ejemplo, qué es lo que creemos que está bien y qué no. Nada más. El resto corre por cuenta suya.

7.4.08

10 consejos para disfrutar del Seder de Pesaj

Ya pasó Purim y empezamos con la cuenta regresiva para Pesaj.

Reproducimos un artículo publicado en Aish Latino escrito por el Rabino Yaacov Palatnik

Enfrentémoslo, todos hemos experimentado algún Seder realmente aburrido o que terminó convirtiéndose en una cena familiar sin ningún significado. Para lograr traer más significado y placer al Seder familiar prueba lo siguiente:

1. Anda a una tienda barata y compra "efectos visuales" para las plagas. Cuando llegues a esa parte en la Hagadá, tira un montón de ranas...vacas de plástico y animales...serpiente y arañas...pelotas de ping pong (granizo)...lentes de sol (oscuridad)...Se creativo y divertido. A los niños (y a los adultos) les encantará.

2. Compra algunos premios baratos para los niños. Cuando hagan alguna buena pregunta (que es lo que estás tratando de estimular), les entregas un premio. Entrega también premios por preguntar las Cuatro Preguntas, para los buenos cantantes, etc... Los niños se mantendrán ocupados jugando con sus premios (muñeca, soldado, etc.) hasta que piensen otra buena pregunta y la digan.

3. Explica a todos que en la noche del Seder son como miembros de la realeza. Y como los reyes y las reinas no se sirven a sí mismos, cada uno tiene un "compañero servidor" que le llena su vaso de vino o jugo de uva (o una combinación de ambos) en el momento apropiado. Las personas se buscan una pareja y se divierten mucho con esto.

4. Lee la Hagadá en el lenguaje que mejor entiendas. Eso significa que leerla en español está bien. Comparte la lectura dando turnos alrededor de la mesa.

5. Está bien parar durante la lectura para una buena discusión del tema de ese momento. Quizás quieras preparar algunas preguntas por adelantado para hacerle a las personas, tales como: - "Si la Hagadá nos dice que aún somos esclavos y no libres, nuestra definición de libertad debe ser muy distinta. Somos judíos viviendo en países democráticos ¿No somos libres acaso? ¿Cuál es la definición judía de la libertad?". - "¿El próximo año en Jerusalem? ¿Cuántos de nosotros queremos realmente vivir en Israel? ¿Qué significa para ti la tierra de Israel?" - "El hijo sabio no suena tan sabio. El no parece saber nada. ¿Cuál es la definición de sabiduría del judaísmo?". No hay tal cosa como una pregunta tonta. Fomenta una atmósfera en la que la gente se sienta cómoda para hacer preguntas sobre lo que dice en la Hagadá. Una vez que alguien haga una pregunta, invita a todos a pensar en la posible respuesta, y/o buscar en la Hagadá para encontrarla.

6. Dile a todos que coman una comida liviana antes de venir al Seder. De esa forma no estarán con demasiada hambre y con ganas de pasar rápido la Hagadá. Esto no es una cena cualquiera - ¡la lectura y discusión de la Hagadá es todo el motivo de la noche! Hazle saber a todos por adelantado que leerán la Hagadá y discutirán temas mucho antes de comer. No dejes que la comida se transforme en el centro de atención.

7. Asígnale a algunos invitados temas para presentar. Por ejemplo, dale a alguien la sección de "Los Cuatro Hijos" y hazlos aprender y discutir el significado detrás de cada hijo para presentarlos ante todos en la mesa.

8. Usa las mismas Hagadot para que todos puedan seguir el Seder.

9. Si estás intentando cambiar el foco de atención del Seder familiar hacia algo mas significativo, intenta hacer el Seder en tu casa este año (la ventaja de "jugar de local"), e invita siempre personas que no son de la familia. Cuando hay "invitados" incluso el más cínico de los parientes se comporta de la mejor manera. Pruébalo, funciona.

10. Además del sitio de Pesaj de AishLatino.com, usa el "The Passover Survival Kit" de Shimon Apisdorf. Está disponible en librerías locales y lleno de buenos consejos y comentarios para hacer un Seder entretenido y significativo. Es también una excelente fuente de preguntas para estimular la conversación, ideas para cada sección de la Hagadá y más.

23.11.07

Tarea para el hogar

Artículo enviado por Dani Ch.

Esta tarea la podés hacer en tu casa, la cocina, la ducha, la cama, el colectivo, tu oficina, a la mañana, a la tarde y/o a la noche, pero no podes dejar de hacerla.

Es una pequeña brújula para que tu alma llegue a destino y tu cuerpo no se pierda en cada esquina.

Tarea para el "hogar" se refiere a tarea para "la casa": ese templo interior que todos tenemos donde habita nuestra espiritualidad, lo que llamamos nuestro punto intacto. Es como nuestro pequeño altillo.
A veces nos olvidamos que esta ahí. A veces es un desorden. A veces es doloroso visitarlo pero creo que vale la pena volver a reencontrarnos con nuestro cofre de tesoros.

La intención de la tarea es poder crear con la pregunta un espacio de reflexión, de reflejo, de identidad,
de reencuentro. Es activar un mecanismo que nos permita mirarnos para poder ver.

1 - ¿Qué educación religiosa recibí de mis padres? ¿Cuáles son los valores/principios?

2 - ¿Qué entiendo por judaísmo?

3 - ¿Qué me hace ser judío?

4 - ¿Creo en Di's? De ser así, ¿en qué acción concreta se manifiesta esta creencia?

5 - ¿Qué significa el Holocausto para mí?

6 - ¿Cuáles son mis principios? ¿En qué acción concreta se manifiestan?

7 - ¿Qué educación quiero para mis hijos? ¿Sobre qué valores/principios?

8 - ¿Qué información tengo de la historia de mi pueblo? ¿Qué información tengo de las festividades? ¿Conozco su significado? ¿Su sentido?

9 - Basado en mi vivencia: ¿con qué me siento identificado del judaísmo y con qué no?

10 - ¿Qué acción concreta realizo durante el día que me identifica como judío?

Este artículo se puede imprimir y guardar. Entra en la billetera del caballero y en la cartera de la dama,
en la agenda del empresario (si no es electrónica) y en la carpeta del universitario. Se puede recurrir
a él para volver a preguntarnos de dónde vengo y hacia dónde voy cada vez que sea necesario.

10.10.07

¿La comida casher, une o separa a la familia?

BS’D

Ester nos envía un artículo donde nos cuenta su experiencia familiar al empezar a comer comida casher.

Todos sabemos que por el simple hecho de ser judíos, debemos comer comida casher, porque es lo que D' os nos indico.
¿Pero, a todos los judíos, nos resulta tan fácil entender este concepto?
Yo te diría que no, por propia experiencia.

Vengo de una familia tradicionalista, donde siempre nos reuníamos para las festividades, pero nunca jamás había tenido ningún acercamiento a ningún "religioso", ni a ninguna persona que coma casher.

Me case hace 29 años, mis hijos fueron a escuelas judías, y continuamos como acabo de contarles por varios años. Pero llego un momento que el tren hizo una parada en nuestra casa, y decidimos subirnos, como diría nuestro amigo Oscar.

Cerramos el negocio los sábados, y en pocos meses, toda nuestra alimentación era casher.
Todo fue hecho de a poco, o mejor dicho a nuestro tiempo, en el momento que necesitábamos cambiar. Pero lo más importante, todos los cambios dieron felicidad y alegría a mi familia.

Mi marido y yo dimos el puntapié inicial, y con el tiempo, sin ningún tipo de presión ni obligación, agradezco a Hashem porque mis dos hijos siguieron nuestros pasos.

El cuentito esta lindo, pero si fuera todo tan fácil, algo anda mal, según dice el Rab Serruya. La Torá es hermosa, pero su camino a veces trae dificultades momentáneas. Tenemos que ir contra la corriente, contra muchos que no nos entienden, contra otros que nos pelean por hacer lo correcto, contra algunos que no se dan cuenta que el verdadero motivo de la existencia de un judío, es intentar paulatinamente, estar cerca de Hashem. Entonces eso si es nuestra prueba, ver si podemos lograrlo.

Mi prueba es mi familia primitiva, mis padres, a los que amo intensamente, y pido a Boré Olam que les de larga vida, salud y alegrías hasta los 120 años. Ellos son buenísimos, generosos, les gusta la familia unida, pero me educaron comiendo comida no casher, y a los 77 años, les resulta muy difícil entender mis cambios.

Leer el artículo completo


Paulatinamente se fueron acostumbrando a que no comiéramos carne no casher, cosa que digerían de a poco.
Pero les es imposible aun adaptarse a la idea que no íbamos a comer nada que no sea casher. Eso ya era demasiado, ya nos hicimos fanáticos.

Guardaban secretamente la esperanza que sus dos nietos, o sea mis hijos, opinen lo contrario que nosotros, como hacen en la mayoría de otros temas, pero los chicos son muy espirituales, además de inteligentes y muy buenos (¿que va a decir una idishe mame? ). Y los chicos decidieron por su propia voluntad, alimentar su alma además de su cuerpo. Y por lo tanto, ellos también comen sólo comida casher.

En estos momentos, hay tanta cantidad y variedad de comercios casher, que no me resulto para nada difícil hacer el cambio.
Si compraba una buena marca de cualquier producto, el precio era el mismo. O sea que fue cuestión de tomar la decisión y listo.

Pero la abuela quería cocinar a sus nietos sus infaltables knishes con milanesa a la napolitana.

¿Cómo es posible, yo me pregunto, que un judío siga juntando carne con leche? ¿Por qué estábamos tan desinformados?
¿Nadie nos explicó, o es que no queríamos escuchar?
¿Por qué en las escuelas y clubes judíos tradicionales, no prohíben los sándwiches de jamón y queso?

Parece que somos duros, nos cuesta entender algo que sale gratis hacer, y no da trabajo. ¿Por qué elegimos comer la hamburguesa con queso, si en el comercio de al lado, venden hamburguesa casher sin queso?
Es muy difícil cambiar toda una vida de mas de 70 años, como les ocurre a mis padres, pero les aseguro que no es imposible.
Sólo les bastaría con ser un poco detallistas, y ver las caras de satisfacción de sus nietos.
Es increíble ver su entusiasmo cuando les cuentan sobre la existencia del alma, sobre la teshubá, sobre la vida eterna.

Son esos abuelos que se alejaron de lo que sus propios abuelos les transmitían sin explicación alguna, los que ahora tienen la posibilidad de retornar a sus raíces escuchando las palabras de sus nietos.
Que maravillosa oportunidad que tienen al alcance de sus manos para no desaprovechar.

Son esos nietos cancheros, modernos, inteligentes, universitarios, respetuosos, de buenos sentimientos, que sin rodeos ni palabras difíciles les pueden contar cosas de la inmensa sabiduría de nuestra Sagrada Torá. Muchas de las cuales todos hacíamos sin saber que eran mitzvot dadas por Hashem.

Sólo basta con dejar de lado esos prejuicios tan arraigados en muchos de nosotros, y aflojarnos y dejar que todo lo nuestro embriague nuestra alma y la sensación va a ser mucho mas placentera y duradera que lo que nunca pudimos imaginar.

Vamos a tener la inmensa sensación de felicidad que solamente nos puede dar el saber que estamos haciendo lo correcto.
Algunos creen que cumplir lo que dice la Torá los va a privar de disfrutar de algunos placeres materiales que hoy tienen, pero realmente no se imaginan que solamente con una vida espiritual completa, se llega a estar satisfechos y a disfrutar plenamente de todo lo material que Hashem nos brinda.
Solo dejemos el prejuicio de lado, y sentémonos todos los judíos juntos en la misma mesa, comiendo lo que Nuestro Creador nos indicó, y sin lugar a ninguna duda, nuestras familias van a estar siempre unidas, y la berajá y el shalóm van a reinar en nuestros hogares.

Amén. Que así sea.

21.11.06

Multiple Choice: Relación de Pareja

BS’D

Tu mujer quiere empezar a cubrirse la cabeza, ¿qué hacés?
A- Le regalás una peluca para el cumpleaños.
B- Le decís: Bueno, bueno, bueno. ¿Cuál es el apuro?
C- Le decís: ¿Qué? Si cuando yo te conocí usabas las trencitas que te hiciste en Punta Cana.

Tu pareja te plantea comer queso kasher, ¿qué decís?
A- ¡Qué bueno! Vamos a poder elevar la kedushá de la casa.
B- ¿Y cómo hacemos si nos invitan a comer afuera?
C- ¿Qué tiene el queso?

Tu marido te dice que quiere estudiar más Torá, ¿qué decís?
A- ¡Baruj Hashem! Me tocó un Tzadik. Mientras otros se preocupan por la plata vos pensás en cómo crecer como persona.
B- ¿Más clases? Si así estamos bien.
C- ¿Por qué en lugar de estudiar más no pensás en ganar más plata?

Tu pareja te propone los domingos ir a un club de gente observante, ¿qué decís?
A- Qué bueno, empezar la semana en un ambiente de Torá.
B- ¿El domingo también tenemos que estar con religiosos? ¿Cuándo me vas a dar un respiro?
C- Vos andá al club. Yo me voy a la cancha.

Leer los resultados


Mayoría de respuestas A:
Con vos se aplica el versículo que dice: “Y serán un solo cuerpo”. Tu pareja y vos están en perfecta sintonía. Esperamos muy pronto poder asistir a sus charlas de Shalom Bait (armonía en el hogar).

Mayoría de respuestas B:
Cumplís Torá y Mitzvot pero no te sentís religioso. Te gusta el paso a paso pero para el siguiente, querés tomarte tu tiempo. Aprovechá la fuerza de tu pareja para seguir creciendo espiritualmente.

Mayoría de respuestas C:
Tu pareja está trayendo ideas nuevas. A no desesperar. Aunque lo parezca, que quiera incorporar Torá no quiere decir que te quiere complicar la vida. Ir a una clase de Torá te puede ayudar a entender qué es lo que le está pasando. Si tu pareja suma espititualidad, el primer beneficiado vas a ser vos.

26.10.06

Relaciones familiares

BS’D
Seguramente cuando leamos este artículo, muchos de nosotros nos vamos a sentir identificados.
Artículo extraído de: www.jabad.org.ar

"¿Qué clase de Di-s no querría que un hijo esté con su madre en una fiesta judía?", preguntó mi madre, exacerbada cuando le dije que no podríamos conducir nuestro automóvil en Iom Tov."Durante 36 años no te importaron las fiestas judías. ¿Ahora te importan pero no puedes traer a tus niños para estar con su abuela?"Yo sabía que estaba en peligro."Estoy contenta de que finalmente hayas decidido ser judío", continuó ella. "¿Pero tienes que ser tan religioso que no puedes comer en la casa de tu propia madre? ¿Eso es lo que Di-s quiere?"

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Le llevé la queja a Rabí Yosef Samuels, el Rabino de Milwaukee que me atrajo a la Torá."La Torá no es sentimental", me explicó. "Encara la verdad, y a veces la verdad no es lo que la gente quiere oír. Pero si confías en la verdad, lo que significa: si confías en Di-s, ella y El eventualmente te guiarán a donde quieres ir, aunque tal vez nunca sepas exactamente cómo llegaste allí".Mi madre no lo compró. Ni mis hermanas. Mirando atrás, no estoy seguro de que yo lo hice, tampoco.

Mantener los lazos familiares es un asunto a menudo doloroso para un baál teshuvá (retornante a la observancia judía). La observancia religiosa puede imponer separación de aquellos a quienes más amas, con frecuencia en el peor de los momentos: casamientos, bar mitzvás, reuniones de familia, incluso funerales."OK, se está casando en una sinagoga reformista. ¿No puedes venir a la boda de todos modos?""Lamento que la cena de aniversario será en un restaurante no-kasher. Pero realmente nos encantaría que tú estuvieras allí"."Nosotros no somos ortodoxos. Pensamos que su conversión es suficiente".La tensión continuó hasta los años finales de mis padres. Mi familia y yo disentíamos sobre el nivel de atención médica a administrar. El debate entre "calidad de vida" y halajá (ley judía) era intenso.

Mi padre falleció tras una prolongada enfermedad. Pero medidas heroicas ayudaron a brindar unos seis maravillosos años adicionales a mi madre.
Comúnmente evitábamos estos desacuerdos, eligiendo mantener la paz. No analizaba cuestiones espirituales con mi familia. Aprendí esta lección en mis primeros años de observancia judía. Yo era provocativo, proyectando una sensación de "he encontrado la verdad y ustedes no", con mucha arrogancia. Por aquel entonces, creía que mi nueva comunidad de amigos religiosos podría suplantar a mi familia. Pero me encontré con cuán errado estaba. Sólo tengo un juego de padres, y dos hermanas. Nadie los puede reemplazar.

Mi esposa y yo invertimos gran energía en crear una familia observante de la Torá. Ya preveo, más allá en el camino, mi mesa del salón comedor llena de hijos y nietos. La mesa se estira hacia adelante en el curso de las generaciones. Rabinos y eruditos, comerciantes y maestros, madres y padres están sentados allí, todos abrazando la Torá. Y aunque la Torá que abrazan es una Torá de verdad y no de sentimentalismo, mi visión es muy sentimental. Estoy muy agradecido, y orgulloso, de la vida que mi esposa y yo estamos forjando.Pero por más maravillosa que sea mi fantasía no reemplaza el amor que siento por mis padres y hermanas, o mitiga el dolor que siento cuando hay distancia entre nosotros. Y por eso, cada vez que podemos, mis hermanas y yo compartimos nuestras vidas.

En mi última visita a los Estados Unidos, mis hermanas y yo fuimos al cementerio para visitar a nuestros padres. Era muy íntimo. Mi hermana trajo pétalos de rosa todavía frescos de la boda de su hija y los esparció sobre el pasto bajo el cual yacen nuestros padres. Yo coloqué una piedra que había traído desde Safed.Una hermana leyó un hermoso párrafo acerca de cómo cuando pierdes de vista a un barco que cruza el horizonte, el barco todavía existe; y si bien no puedes verlo, sabes que hay otros del lado opuesto aguardando recibir a sus ocupantes. Yo traje un libro de Salmos, del que pensaba leer uno o dos capítulos. Leo suavemente en hebreo, mis hermanas en inglés. Cuando terminamos los dos que había escogido, una hermana dijo: "Leamos uno más". Esto continuó una media hora, mientras leímos una docena.Después, en el almuerzo, mi hermana mayor nos contó que recientemente se había asociado a una sinagoga por primera vez en su vida. "Quiero aprender más sobre el judaísmo y estudiar hebreo", dijo. "¿Crees que soy demasiado vieja para comenzar?"Mi otra hermana (también mayor que yo) pertenece a una sinagoga reformista. Nos contó que había comenzado a asistir a clases con un Rabino ortodoxo, mientras su esposo estudia con el mismo Rabino en un grupo de "almuerzo y estudio" varias veces en la semana. Ella explicó que no planeaban "volverse ortodoxos", pero disfrutaban de la profundidad del estudio.

Yo estaba complacido con estas actividades, pero me significaron menos que el simple placer que compartíamos en el restaurante y la proximidad que habíamos sentido ante la tumba. Supe ahora que lo que buscaba era intimidad, no coincidencias religiosas. Disfruté de nuestra unidad de familia y me maravillé por la capacidad de mis padres en mantenernos juntos, incluso en la muerte.

Camino de regreso del restaurante, todos concordamos en que la visita al cementerio había sido "simplemente perfecta". Yo regresaba a Israel en un par de horas, y cuando nos despedimos, cada uno dijo al otro "te amo". En ese instante sentí la presencia de los otros tres que habían venido para unirnos en este momento de partida, los tres que crearon los nexos que nos mantuvieron juntos y continuarán haciéndolo.Quizás lo imaginé, pero mientras nos dimos besos de despedida sentí que se nos habían unido mi madre y mi padre, sabiendo que estaban sonriendo; y que todos nosotros estábamos siendo rodeados y envueltos por Di-s, cuyo misterio y benevolencia incesantemente se despliega de las maneras más inesperadas. "Pero si confías en la verdad, lo que significa si confías en Di-s, ella y El eventualmente te guiarán a dónde quieres ir, aunque tal vez nunca sepas cómo exactamente llegaste allí".

23.9.06

¿Por qué la dieta kasher provoca que la gente se enoje?

BS'D
En la Enseñanza Semanal 629 que publica la gente de Jabad apareció una pregunta que seguramente muchos de nosotros nos hicimos.

Pregunta:
Desde que empecé a cuidar la dieta kasher, ha habido tensión en la familia. Mi hermana se siente herida pues no como en su casa y dice que asumo el rol de ser “más santo que los demás”, y mis padres dicen que estoy separando a la familia. ¿Qué puedo hacer?

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Respuesta:
Hay centenares de dietas dando vueltas estos días. Siempre que un grupo de amigos se reúne para comer, alguien dice algo como: “No puedo comer nada aquí, estoy haciendo la dieta de Shmutkin”, o, “No puedo comer hidratos de carbono después de las 10 A.M.”, o, “Puedo comer sólo porotos verdes y sandías hasta la próxima luna llena”.
Tales anuncios normalmente provocan un pequeño encogimiento de hombros -¡Si ellos escogen morir de hambre es cosa suya!

Pero cuando alguien dice: “No puedo comer nada aquí, pues como kasher”, la reacción es raramente tan serena. Por alguna razón, los judíos se sienten desafiados por otro judío que es más observante de lo que ellos son, y a menudo lo toman como un ataque personal.

A su hermana, cuando usted le dice que no puede comer su comida, es como si usted le estuviera diciendo que ella no es lo suficientemente buena para usted, que ella no es tan judía como lo es usted. Usted está hablando sobre sus propios hábitos de comida, pero ella está oyendo un juicio a su identidad judía.

No se trata de una reacción racional. Quizás en usted ella oye la voz subconsciente de su propia alma judía, que anhela vivir una vida más judía. Sea como sea, su tarea consiste en hacer neutral la situación. Usted tiene que aclararle que el hecho de que usted está comiendo kasher no significa de ninguna manera, que esté juzgando o condenando a nadie. Usted ha tomando una decisión sobre su propia observancia. No está pidiendo a nadie cambiar sus costumbres, sino sólo respetar el cambio que ha hecho.

Es su responsabilidad el mantener buenas relaciones con su familia, y para lograrlo debe desvivirse por hacer algo por ello. Continúe visitando a su hermana, y organice la comida kasher para usted. Sea lo más adecuado y manos demandante posible. Si lo maneja correctamente, acercará a la familia, porque usted logrará respetarlos y entenderlos mejor que antes.

La dieta kasher es espiritual. No promete hacerle perder peso a sentirse saludable, sino se supone que refina el espíritu. Sea un ejemplo viviente de un alma judía refinada de la manera que usted trata a su familia.

Rabino Moss

21.9.06

Mi abuelo tenía razón

BS'D
Esta historia tiene mucho que ver con la mayoría de nosotros. Seguramente nuestros abuelos o bisabuelos prepararon el camino para que hoy estemos donde estamos.

A continuación reproducimos una historia que publicó el Rab Oppenheimer extraída del libro “More Shabbos Stories” de Rabbi Simón Finkelman – Mesorah Publications/Artscroll.

El Sr. Eitan tenía un comercio mayorista de frutas y verduras en el norte de Israel. Diariamente sus camionetas salían a repartir a instituciones y a minoristas por el Galil. Cuando su hijo Iair cumplió 18 años, comenzó a trabajar con el padre. Dentro del recorrido de Iair, le tocó entregar mercadería en la Ieshivá Lev vaNefesh, una institución que se dedica a esclarecer a jóvenes interesados en profundizar sus conocimientos de Torá. Hasta aquel momento, el Sr. Eitan se había preocupado de “resguardar” a su hijo para que desconociera lo que es la Torá y no llegara entrar en contacto con personas observantes. A Iair le intrigó la forma de vestir de los jóvenes y se acercó a fin de inquirir acerca del por qué de sus Kipot y los Tzitzit que llevaban colgando.

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Ya a la altura de su tercera entrega de mercadería, Iair pidió que le enseñaran algo de la Torá que estudiaban. No demoró mucho tiempo antes que el padre se enterara de lo que estaba sucediendo, pues la manera de actuar de Iair se había tornado un tanto más seria y contemplativa. Esto encendió la ira del padre en todo su furor. La consecuencia de la ofensa fue que Iair cambió su recorrido de distribución. No obstante, la llama estaba encendida y Iair siguió visitando a sus nuevos amigos periódicamente. Dada la oposición del padre que no quería aceptar bajo ningún concepto que su hijo estudiara sobre esta religión arcaica, Iair decidió por propia cuenta empaquetar sus cosas y viajar a Ierushalaim a una Ieshivá sin contarle a su padre acerca de su domicilio, para que no lo obligara a volver. Su padre insistió, lo encontró y lo obligó a volver a casa. Pero la cuestión no quedó allí. El Sr. Eitan le inició juicio al Rosh Ieshivá de Lev vaNefesh por “lavaje de cerebro” a su hijo.

El día del juicio la sala del tribunal estaba colmada. El abogado del Sr. Eitan hizo su exposición. Iair dio su testimonio en el sentido que nadie lo había incitado o persuadido a hacer nada en contra de su voluntad. Mientras se iban cumpliendo los procedimientos legales, el juez, un hombre mayor miraba intensamente al Sr. Eitan. Seguidamente el juez solicitó al Sr. Eitan que quería hacerle algunas preguntas. El Sr. Eitan, un poco sorprendido consintió.

“Dígame, Sr. Eitan, ¿es Usted oriundo de la ciudad de Pinsk?”
El Sr. Eitan asintió con la cabeza.

“Dígame, Sr. Eitan, ¿era su nombre antes de la guerra ‘Stark’?”
El Sr. Eitan asintió nuevamante con la cabeza, muy extrañado.

“Ah” – dijo el juez – “yo lo conozco muy bien a Ud. Ud. proviene de uno de los hogares más respetados de la ciudad de Pinsk. Su padre era una persona muy religiosa y su madre se dedicaba cotidianamente a hacer obras de bien para con los necesitados.” A esta altura la cara del Sr. Estaba pálida, pero no podía decir una sola palabra.

“Cuando Ud. era joven, Ud. decidió no seguir el camino de su padre y se rebeló en contra de todas sus enseñanzas. Cuando cumplió 18 años, Ud. solía fumar en público en Shabat y esto le causó mucho dolor y vergüenza a su padre, quien, de la noche a la mañana, pasó de ser una persona cálida, alegre y emprendedora a tener la apariencia de un anciano. De su madre se decía que cuando encendía las velas de Shabat los viernes, derramaba ríos de lágrimas.
Yo no soy una persona muy observante, pero sí, creo en D”s. Nunca entendí como D”s podría ignorar los rezos de una mujer tan virtuosa.

“Hoy fue contestada mi incógnita. Veo que su llanto no ha sido en vano. Hoy, después de medio siglo, su nieto ha vuelto al camino de sus antepasados.

“Sr. Eitan. Ud. ciertamente recordará que los amigos de su padre se le acercaron y le rogaron que por la salud de su padre, Ud., al menos en público, no profanara el Shabat. Sin embargo, Ud. respondió: ‘Soy mayor de edad y tomo mis propias decisiones. Vivo mi vida como yo plazco’. ¿Ahora Ud. tiene la temeridad de interponer una demanda, porque su hijo volvió a los caminos que Ud. abandonó?”
“La causa es nula”

18.9.06

¿Qué hacer con esos amigos que no quieren saber nada con el judaísmo?

BS’D
Todos tenemos amigos o familiares judíos que por una razón u otra viven alejados de su judaísmo. ¿Se puede hacer algo para acercarlos a la Torá? Si.
Estamos armando una base de datos con gente que cuando escucha la palabra Rab, Templo, Shiur o Torá sale corriendo.
La idea es enviarles mails con textos muy cortitos que los ayuden a reflexionar.
Entonces, si querés que tus amigos o familiares se acerquen a la Torá, hacé mucha Tefilá y mándanos sus mails a miabueloteniarazon@gmail.com
Los datos van a ser usados con suma discreción y no vamos a divulgar la identidad de la persona que nos mandó los mails.

11.9.06

Carta de una hija

BS'D
Silvina Faiberg nos envió una carta que le escribió a su mamá en abril de este año.

Querida Mamá:

Desde pequeña me hice muchas preguntas acerca de mi judaísmo: ¿Por qué soy judía? ¿Quién lo es? ¿Por qué nuestro pueblo pasó por cosas tan terribles y tan maravillosas? ¿Cómo lograr una verdadera continuidad y evitar la asimilación?
¡Recuerdo cuando por primera vez me enteré que era judía!... con un libro para pintar en las manos te pregunté qué era esa “casa con una cruz”. Me explicaste que ahí, concurrían muchas personas, pero que no nosotros. No era mi lugar. Yo era judía.

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Al empezar la escuela, me contaste sobre lo que ciertos alemanes nos habían hecho, los niños que murieron y toda esa crueldad tan increíble para mí como lejana... De todos modos, eso… era parte de la historia. No había nada que temer, me autoconvencía.

Pero… ¿Te acordás? A los pocos días de empezar la primaria, de pronto, empezaron las diferencias. Mis compañeritos preguntaban muy desafiantes quién era judío, y yo llegué a tener un miedo de contar que lo era. Igual, ¿en qué podía notarse?, me autoconvencía.

A medida que fui creciendo, empezó mi pasión por la lectura y fui encontrando más y más información. Una vez, me regalaste un Hai, remarcando lo importante que era para nosotros el valor “vida”. También nos llevaste a los grupos del templo de Libertad. Ahí aprendí mucho, recuerdo los cálidos atardeceres de los sábados, cuando nos reuníamos en una gran ronda, donde vos siempre me esperabas. Cantábamos todos juntos la havdalá.

Fue cuando estaba en sexto grado... me esperabas a la salida de la escuela y, al encontrarnos, ví en tus ojos el horror: “¡Habían volado la Embajada de Israel!”.
Yo todavía no entendía bien por qué pasaban esas cosas. Con apenas once años, creo que esa, fue mi primera “marca”. Era como aquella “historia de los nazis” que me habías contado…pero ahora…

Al tiempo, visitamos Israel a pura emoción. Cada piedra, cada lugar, cada comida, cada persona tenía su historia, tenía nuestra historia. Lloramos al llegar al Kotel cantando “Jerusalem de Oro”.

Volvimos ese año fuertes, con mucho “sentimiento”, con los más lindos recuerdos y canciones. Pero luego, estalló la AMIA. Esta vez fue peor, los muertos ascendían a 86. La historia de Jacobo fue un milagro de supervivencia, y lloramos su muerte días más tarde. No había más esperanza.

Desde entonces, todos los años, con el frío más crudo del año, con ese frío de muerte instalado en la calle Pasteur, fuimos en reclamo de justicia. A veces, vos no podías ir, pero mirabas atenta el noticiero y la convulsión que se armaba en nuestro barrio cada 18. Esos días, a mi judaísmo lo ejercitaba, aplaudía, con la misma fuerza que ponía para retener las lágrimas….. pero el enojo era grande.

Ya en la escuela secundaria, pedía permiso para ir a los Actos. Y seguía, una vez más, siendo y sintiéndome diferente.

Vos siempre nos contabas el “milagro” de la supervivencia de nuestro pueblo, ¿te acordás? De nuestros sabios, tu querido Freud, mi admirado Einstein…
Durante mi primer año del secundario, una vez, había que elegir un “personaje” digno de admiración. Mis compañeros elegían a Olmedo, a alguna cantante conocida. Yo, elegí a Einstein. No sé si realmente lo admiraba, sólo sabía que era judío, y eso, era suficiente: Él, me hacía recordar qué era.

Empecé esta carta contándote que de chica me hacía muchas preguntas: “¿Por qué hay judíos a quienes no les importa el judaísmo? ¿Qué es, en definitiva, el judaísmo? Si es un sentimiento… ¿Cómo voy a hacer para transmitírselo a mis hijos? ¿Podrán finalmente ellos sentir lo mismo que yo? ¿Cómo llegamos hasta donde llegamos? ¿Cuál fue la cadena ininterrumpida que hizo que yo hoy, te esté escribiendo una carta sobre esto?
Sunshine, la película… fue un antes y después. Salí del cine emocionada y te convencí para que la veas. Aquella familia judía húngara fue determinante para mí. Estaba la receta, ese “cuadernillo” de recetas que se perdía, estaba el gobierno de turno, las neocostumbres, el deporte de moda.. y cada día, así, sin darnos cuenta, nos olvidábamos de la receta. Esa receta es la Torá.
La familia Sooneschein, pasó a ser familia Sors: pasaron a ser jueces, deportistas. Pasaron a ser policías. Pero un día despertaron sin rostro… Sólo una pequeña llama, esa “abuela” Emily podía despertarlos… Ella sabía cuál era la receta del tónico familiar. Ese tónico que se tomaba y generaba armonía en el hogar. ¡Vos también volviste emocionada!

Lo sabía… Algo “había que hacer”, pero… “¡¿qué?!”.
Las idas y vueltas de la vida, las constantes incoherencias, me alejaban más y más de mi búsqueda. ¿Quién soy, de dónde vengo y adónde voy?

Hace un tiempo, decidí estudiar Torá. Esta vez intenté no hacerlo simplemente desde el lugar de una búsqueda de conocimiento intelectual, iba en busca de un conocimiento más profundo aún.
Encontré un moré, porque como dicen los sabios, “el maestro llega cuando el alumno está preparado”. Así que le dí para adelante... “¡Jazak Veematz!”, como diría el moré.
Hay noches en que trato de transmitirte lo que estudiamos, pero no siempre es fácil. Es por eso que hoy te escribo.
Hay cuestiones que ni sabemos que existen, pero no por ello, dejan de producir efecto. Desde que estudio Torá, empecé a entender lo que implicaba percibir la realidad, que cada uno la percibe como puede, que no podemos juzgar lo que percibe el otro, y que nunca llegaremos a percibir la totalidad. Pero sí podemos aspirar a ampliar nuestra percepción de la misma, a ampliar nuestra conciencia.

Porque ser judío implica esfuerzo, conciencia y responsabilidad. Tengo, gracias a vos mamá, un legado muy importante en mis manos. Un legado que fue transmitido ininterrumpidamente de generación en generación. Que hoy llega a mí, pero no lo hace pasivamente. Llega con una intención de acercarme a aprehender de mis fuentes, de las bases que constituyeron la esencia de nuestro pueblo. Con la certeza de que, para tener libertad y poder ejercerla, hay que tener límites. Con esa tibia luz que me hace empezar a visualizar lo que quiero para mi futuro, lo que quiero para mi familia.

Este verano pasamos un Shabat juntas, y sé que te es difícil de entender. Tal vez, pensás que son sólo ritos, costumbres sin sentido.
No sabemos todo lo que podemos lograr con una pequeña acción, con un pequeño ejercicio de nuestra voluntad. Vos siempre dijiste que te gustaba el cuento de Eduardo Galeano, donde se cuenta que el mundo es un mar de fueguitos…. Vos me decías que no querés ser un “fuego bobo” que no alumbra, que querés “encender a la gente”, iluminar. Bueno, de esto se trata, de permitir entrar un poco de luz, donde antes había oscuridad. No es fácil, mamá. Por lo que me enseñaron, primero hay que hacer espacio. Por eso me viste limpiar ya dos veces el “jametz” y por eso te insisto en que te deshagas de esas cosas “que no te sirven”. ¡Sabés que no me refiero a lo material! Me refiero las cosas con las que uno “infla” su vida, sus días, sus tiempos.

Sabés, mamá… La Torá no es un libro de historias antiquísimas. Es el legado de nuestro pueblo, es un manantial de vida que nos ayuda a tomar mejores decisiones, en la medida que podamos recibir sus enseñanzas. Sólo hay que activarla. Casi parecido al tema del “ello, yo y super yo” que me explicaste alguna vez. Bueno, se trata de dominar a “ese” que te dice con insistencia: “Rompé la dieta”.

Este año, te fui contando los beneficios del comer casher, que todo va a la sangre, que la sangre irriga al cerebro, y cómo esto influye en nuestra vida. Pudiste verlo y entenderlo y estoy muy contenta por ello. Es también poder separarnos de todo lo que nos rodea, nos quiere esclavizar… y elegir. Ser libres.

Aprendí también, las consecuencias del hablar mal de alguien (“lashón hará”); que las mitzvot son importantes, y que lo más importante es “no hacerle a los demás lo que no nos gustaría que nos hagan a nosotros”. Esto que te suena a frase hecha, es lo más difícil de lograr. Es difícil entender que no todo gira alrededor de nosotros, y tratar de reducir un “poco” ese ego que, para nuestra sociedad, debe ser tan “alto”.
El dar es importante, pero también el recibir. Vos sabes de eso mamá, siempre nos diste tu amor, tu consejo, tu experiencia. Y también siempre estuviste dispuesta a recibir lo mismo de nosotras.
Aprendí en este tiempo que no podemos vivir instaurados en el recibir.
El moré nos dijo una vez : “En hebreo no existe en verbo ser, yo soy cuando hago, por eso decimos: “ANÍ IHEUDÍ”, yo soy judío, pero sólo en la medida que en lo ejercite. En términos legales ordinarios podríamos decir que el judaísmo no prescribe, pero nos puede ir caducando. ¿Qué significa esto?
No prescribe, porque nunca dejamos en términos formales de ser judíos, siempre hay tiempo de retornar a nuestras raíces, a nuestras fuentes y conectarnos nuevamente con nuestra esencia. La caducidad, tiene por objeto que las partes en un juicio impulsen el proceso. Cuando no lo hacen, pierden esa oportunidad, que es única. Y hay que hacer todo de nuevo, perdiendo tiempo y esfuerzo. No podemos dejar caducar todo esto.

Vos siempre decís: “Somos pocos y hacemos mucho ruido”. Pero tenemos que hacer “ruido” del bueno, focalizarnos en nosotros, no perdernos en el abrazo de oso. Somos un gran pueblo, y tenemos que estar unidos como tal. A veces nos olvidamos el concepto de “Am Israel”. Tenemos que tener fronteras, esas fronteras de las que le hablo a papá para explicarle que tiene que respetar tus tiempos. Fronteras en nuestro actuar, en nuestro vestir, en nuestro exigir.

Yo le decía siempre a mi moré que no me gustaban los judíos “religiosos” como yo los denominaba, que usaban esos sombreros y esas vestimentas… tan anticuadas, que conocí a uno que no era tan buen tipo, que, que, que……Simplemente me respondió: “Yo no hablo de lo que los judíos hacen, sino de lo que nosotros tenemos que hacer como judíos”.

Aprendí también lo que significaban cada una de las fiestas en la que nosotros nos reuníamos. Que Pesaj es algo más que juntarnos a hablar de política y comer farfalej con pollo (eso también es lindo, pero podemos hacerlo todo el año). Que seder, significa orden, y que cada uno de los pasos del Seder de Pesaj tiene suma importancia, porque nos enseña cómo planificar un gran “salto” en nuestras vidas.
Vos siempre supiste, que había etapas para dejar atrás, que teníamos que avanzar. Que ser distinto tiene su precio, y que a veces es más fácil y segurizante quedarse donde uno está.
El padre de Abraham era un idólatra y Ds. le dijo “Lej, Lejá..”, ¡Véte! Ser hebreo, hibrí, significa “cruzar el río”, implica el poder pasar al otro lado y animarse a salir. A salir de la esclavitud cuando bajamos a Mitzraim ( Egipto), a salir de la idolatría en la que nos vemos sumergidos día a día. A salir de nuestros inteligentes convencimientos que nos llevan a caer en las mismas trampas. Al “qué más da” que nos inculcan a los jóvenes. ¿Sabías, mamá, que sólo el 20% de los iehudim se animaron a salir de Egipto?.¿Eran esclavos realmente? Por supuesto, pero atravesar el desierto es una experiencia que requiere de mucha fortaleza y convicción.
Ser judío también.
Vos mamá, siempre tuviste esa convicción al criarnos, al educarnos, al desafiar desiertos y tormentas. Vos mamá, nos educaste con criterio.

En este tiempo pude ver otras realidades: he encontrado familias humildes comiendo alegremente bajo una sucá instalada en un pasillo; empleados de traje y corbata leyendo tehilim; comerciantes corriendo tras un ramo de flores para adornar la mesa de Shabat, amas de casa con mucho carácter, estudiantes, cantantes, psicólogos, chicos alegres y otros no tanto. He encontrado actos de bondad y personas que han logrado un gran trabajo interno. Encontré una mujer sabia, encargada de hacer el sutil trabajo de guiarnos en la recolección de “huesos”, la esencia de nuestra búsqueda. He encontrado también grandes legalistas (de la ley judía-halajá), gente simple y jasidim exultantes. También me encontré con mis prejuicios, ¡en especial hacia los sombreros! Pude verlos.


Hace poco empezaste a utilizar el vocablo “mitzvá” al referirte a buena acción. Te ilumina venir y contarme que hiciste “una mitzvá” al ayudar a una niña que lo necesita, por ejemplo. Te escuché aquella vez y vi como irradiabas. Aprendí que las mitzvot sirven para exactamente eso: conectarte con el otro, con los otros, con D´s, y con vos misma, en definitiva. Que simplemente son límites sanos, que en definitiva nos ayudan a ejercitar nuestra libertad.
Rebelarse entonces, no es elegir qué cigarrillos fumar o dónde ir a bailar… Rebelarse es poder comprender, en el más profundo de sus significados: que “todo”, “absolutamente todo” es para nuestro bien. Entender la perfecta y armónica sincronicidad que existe en cada uno de los mundos, que existe aún más allá de los límites de nuestra percepción.

En este tiempo, he reunido algunas partes del gran rompecabeza, he encontrado algunas respuestas a mis preguntas, pero lo más importante es que surgieron otras. Nuevas preguntas que me motivan día a día a continuar en esta búsqueda que me lleva, al comienzo mismo de quién soy.

¡Gracias Mamá!

Tu hija.

silvifain@hotmail.com